Analistas

Lecciones del Brexit

Tengo la impresión que la confusión, en el país, crece gracias al esfuerzo de Gobierno y oposición para desdibujarse mutuamente. La última encuesta Gallup confirma los temores de los colombianos, frente al proceso de paz, y pese a que la mayoría votaría a favor del plebiscito, cualquier cosa puede suceder.

La percepción de los ciudadanos frente al proceso de paz ha mejorado. El 50% de los ciudadanos considera que las negociaciones de paz van por buen camino y el 26% considera que las cosas han mejorado, mostrando un leve repunte frente a la encuesta anterior. La aprobación del Gobierno sigue en niveles parecidos a los del expresidente Pastrana, que parece haber olvidado la fracasada operación Caguán.

El Centro Democrático y el expresidente Uribe le apuestan a la confusión, enviando mensajes apocalípticos para desconcertar y sentirse ganadores, pescando en río revuelto. Lo grave es que a fuerza de enviar señales falsas, repetidas incesante y vehementemente, pueden hacer un grave daño, mostrando que “la paz está herida”, cuando la verdad es diametralmente opuesta.  

La ciudadanía tendrá que aceptar, en aras de la sensatez  y del bien común, que no habrá tanta impunidad como afirma el Procurador; que los guerrilleros en ninguna parte del mundo han dejado las armas para ir a la cárcel, como lo quiere Uribe; y que ojalá los niveles de reparación y de no repetición superen, los muy pobres, del proceso con los paramilitares.

Mirando a una sociedad, supuestamente bien informada, como la del Reino Unido, preocupan los resultados del Brexit, donde, contra toda lógica, triunfó el sí con argumentos efectistas, populistas, y algunos definitivamente mentirosos, como el de las 400.000 libras semanales que supuestamente giraba el Reino Unido a la UE. La libra se desvalorizó más del 15%; la City, primera plaza financiera mundial, perderá el “pasaporte europeo” cediendo espacio a París, Frankfurt, Dublín o Amsterdam; los efectos económicos, políticos y sociales del referendo, son incalculables e impredecibles.  

 Lo desconcertante es la actuación de la clase política inglesa. El primer Ministro Cameron ofreció el referendo para salvar su pellejo, pero su gobierno hizo poco para ganarlo; el ministro de las finanzas, al estilo de nuestro presidente Santos, afirmó que la salida de la Unión significaría más impuestos; lo que fue considerado un chantaje inadmisible que aupó al contingente de los euroescépticos. Para completar, el más probable sucesor del líder conservador, Boris Johnson, exalcalde de Londres, gran defensor del Brexit, mató el tigre, se asustó con el cuero y renunció a la posibilidad de liderar la retirada. Conclusión, los políticos en todas las latitudes son cortados con la misma tijera; y ahora, el parlamento inglés y el partido conservador, frente a la crisis por el triunfo pírrico del referendo, tendrán que recurrir a Theresa May, la veterana ministra del Interior, o a Andrea Leadsom, la secretaria de Estado, estrella emergente de la campaña por el Brexit, para que las mujeres salven la patria.

Ojalá nuestros políticos, midan las consecuencias de su soberbia al poner personalismos, parcelas y pequeñas rencillas por encima de los intereses nacionales, y el Gobierno sepa que no puede recurrir al chantaje, del recrudecimiento de la guerra o de los impuestos, para lograr sus propósitos, pues sus antecedentes y su escasa credibilidad generan sospechas, que pueden producir resultados no deseados en el camino de aprobar lo acordado en la Habana.

Repetir la fórmula Gaviria, maquinaria y  mermelada, puede no ser garantía de éxito por la misma razón de la desconfianza generada en anteriores procesos. Se requiere una pedagogía que descorra el velo de la negociación y que le suministre a la sociedad la veracidad de lo acordado en temas como la justicia transicional y la elegibilidad de la guerrilla a las corporaciones públicas, para desmontar falacias. O prima la sensatez, o nos tocará, como a los ingleses, solicitar el liderazgo de las damas para que subsanen la torpeza de los varones.