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Analistas 05/08/2023

¿Por qué carajo escribimos?

¡Han pasado 20 columnas de estar conversando con ustedes! Les cuento como es el proceso. Mi vida es simple: madrugo a trabajar, cosa que me cuesta como no se imaginan, trato de hacer ejercicio en la tarde o en la mañana, grabo contenido y/o campañas para marcas, una que otra reunión de trabajo o con amigas y a eso de las seis de la tarde empiezo a buscar temas y música para llegar a las seis de la mañana a La FM. Y volver a empezar. Entre tanto, voy viendo temas, cosas de interés para armar mis columnas y pasarlas al editor de este periódico. No es nada fácil.

Aún no he interiorizado el hábito de escribir, pero lo intento. Digo escribir formalmente. Como todo en la vida, el arte de escribir es un ejercicio complejo, hábito que había perdido desde los tiempos de universidad. Siempre me ha gustado expresarle en palabras a quienes amo (mamá, papá, hermano, novio, amigas), etc., cuánto los quiero y se me da bastante bien, eso creo. Mi papá, por ejemplo, siempre me reclama una “cartica” con su regalo de cumpleaños o el día del padre. Mis amigas, suelen usar mis habilidades comunicativas cuando necesitan enviar mensajes complejos a sus parejas (jajaja). En fin, espero me entiendan la idea, pero nunca había tenido el hábito de escribir por gusto como el que tengo ahora.

Todo empezó como una tarea, un rol profesional, pero sin darme cuenta se fue convirtiendo en una especie de terapia y un reto personal que me ayudado a organizar ideas, conocerme, armar proyectos y hacer planes. Les lanzo una hipótesis: “ahora la gente escribe más, lee más”. Creo que las redes sociales y todo el mundo digital renovó, revivió, puso nuevamente de moda leer, escribir, hablar. No como era antes, sino con las nuevas tecnologías de la información. Sobre la calidad de la manera, los estilos y los temas al escribir, hablaremos otro día. Quedémonos con la tendencia.

El iPhone o cualquier otro dispositivo móvil se ha convertido en una especie de extensión del cuerpo, va con nosotros a donde sea. Es nuestra sombra y por lo mismo hemos disminuido la conversación cara a cara e incrementado la comunicación vía WhatsApp, Instagram, Twitter, entre otras, muchas plataformas que existen y las demás que nacerán. Nos la pasamos en modo comunicativo, no nos guardamos una idea, reflexión o crítica. Es como si necesitáramos, si o sí, sacar de nuestro sistema aquello que sentimos. Una necesidad extrema y permanente de comunicarlo todo.

En Twitter todos actuamos como si fuéramos jueces o expertos; en TikTok fabricamos y publicamos trozos de nuestra cotidianidad a manera de storytimes; en Instagram seducimos con nuestras formas de vida aparentes; y en el viejo Facebook, es como volver al vecindario, al barrio, al colegio a la universidad, nos encontramos con la familia y viejos conocidos. Y en todos esos formatos leemos y escribimos. Me gusta usar cada cosa buena de lo que nos brinda un mundo más comunicado.

Escribimos para conocernos, interactuar en tiempos de redes, para descubrirnos; compartir con quienes leen un poco de nuestra esencia, para aquellos con quienes tenemos los mismos deseos, sufrimientos, sentimientos, anhelos y que no han logrado poner en palabras: ¡es dejar nuestra verdadera huella!

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