MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Una simpática reflexión sugiere que las cosas se parecen al dueño, una relación de sesgos psicológicos que proyectan nuestra identidad en los objetos. Como cuando vamos a adquirir algo y la particularidad de ese algo nos define: lo que me atrae se constituye en un laboratorio de información que da cuenta de lo que soy; el producto se vuelve extensión.
Pasemos a la conducta, al acto, al día a día. Las preferencias y los actos reflejan la personalidad. Comportamiento y gustos del consumidor van ligados al sujeto; contenido y continente tienen todo que ver. Los actos tienen dueño; en cada acto hay un responsable. La preferencia remite al que prefiere. Muchas veces ese artífice se precia del acto, de la obra, diciendo: “¡eso lo compré yo!”, “¡eso lo hice yo!”. Aquí viene lo sustancial de los actos conscientes, discernidos y no deliberados.
Los colombianos tendemos a buscar lo bueno, bonito y barato; en lo electoral optamos por productos bonitos y buenos en apariencia, pero con poca o nula experiencia, con los cuales la mala elección nos termina saliendo muy cara.
En palabras sencillas, “mucho empaque, poca calidad”. Paradójicamente, somos buenos averiguando la reputación y experiencia de quien presta un servicio, incluso exigiendo más del técnico que le hará mantenimiento a la lavadora que de los candidatos a la Presidencia: ¿hace cuánto está en la actividad?, ¿qué garantías ofrece? Somos ligeros y repentistas para entregarle el país a cualquiera.
Así como cuando pensamos antes de comprar, de frente a elegir el futuro de Colombia -no cualquier cosa- asuma el compromiso, pregúntese claramente: ¿está dispuesto a aceptar su responsabilidad en cuanto a la persona por la que va a votar?, ¿durante cuatro años asumirá las consecuencias o actuará de forma vergonzante?, ¿caminará a hurtadillas, con pesares de conciencia por no haber elegido bien?
Elegir bien es optar por quien se aproxime a su ideal de autoridad, evitando la disonancia cognitiva por mala decisión política. Piense bien antes del voto, anticipe consecuencias y asuma responsabilidad ciudadana, comparando propuestas (el candidato y su promesa), modos (relación oferente-usuario), pasado (reputación), probidad del preferido (integridad y rectitud), beneficio para el país (sin mezquindad) y experiencia (capacidad).
Muchas de las preferencias se quedan en la intimidad, del mismo modo en que se insiste en que el voto es secreto. Lo invito a que dejemos de ser solapados, lugar cómodo y frecuentado por electores que evitan la conversación. Piense, diga y fundamente sin crispación su preferencia electoral.
Contraste las propuestas electorales. Me puse en esa tarea y, de lejos, prefiero a Paloma Valencia como la persona que cumple con la lista de chequeo para el ejercicio del gubernare, término que significa “pilotar una nave” o “guiar un timón”.
El estilo de Paloma no me va a dejar con pensadera; inspira seguridad, se parece al país que quiero para mis amigos y familiares, entre todos y para todos. Ahí le dejo: las cosas se parecen al dueño, el voto también. ¿A cuál candidato se parece usted?
Porque resolver las demandas sociales y económicas del país se dará sí, y solo si, hay un crecimiento sustentable, dinámico e inclusivo