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La cumbre de Barcelona quiso presentarse como el referente moral antitrump y la capital del progresismo global, pero tanto el nombre grandilocuente de la cumbre como sus credenciales en corrupción riñen con la realidad, dada la reducida y aún más cuestionable representación que tuvo el encuentro. La reunión congregó a cerca de 6.000 activistas y dirigentes de más de 40 países, pero el núcleo visible estuvo compuesto por líderes de un espacio iberoatlántico. Más que una voz universal, lo que se vio fue un bloque que intenta reagruparse en medio del desgaste electoral y de una pérdida de credibilidad social.
El problema no es solo de escala, sino también de memoria. Una cumbre que se presenta “en defensa de la democracia” habría debido incluir una revisión crítica de los desastres asociados a experiencias que una parte del progresismo prefirió excusar o minimizar. Cuba sigue combinando represión, presos políticos, apagones, escasez y éxodo; Venezuela arrastra represión postelectoral, pobreza y casi ocho millones de migrantes; Nicaragua ha consolidado un régimen de persecución, exilio forzado y concentración extrema del poder. En Barcelona no se vio un mea culpa frente a esos casos, sino ayuda humanitaria, llamados al diálogo o silencio selectivo.
Tampoco apareció una reflexión seria sobre otros legados problemáticos de esa tradición. Para muchos observadores, la decadencia argentina bajo distintas variantes del peronismo y del kirchnerismo, o la idealización del ciclo de la Unidad Popular en Chile -marcado por estancamiento productivo, inflación, escasez y conflictividad social- siguen operando como zonas de indulgencia intelectual. No se trata de igualar procesos distintos, sino de advertir que una coalición que pretende ofrecer lecciones sobre democracia y prosperidad debería empezar por revisar sus propias derivas antes de reclamar autoridad moral sobre el orden internacional.
Las propuestas más sonoras del encuentro tampoco ayudaron. Gustavo Petro habló de una “democracia global” basada en los pueblos, mientras Lula insistió en reformar el comportamiento de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Fueron presentadas sin una ruta política creíble ni instrumentos verificables. Sonaron, por ello, más como consignas para ocupar titulares que como programas ejecutables. A esto se suma la crisis del socialismo europeo, descrita como una ruptura con la clase trabajadora, la fuga hacia una Tercera Vía, una profunda fragmentación interna y una carencia de narrativa económica convincente.
El contraste final resulta incómodo. Los países de la cumbre no destacan como vitrinas de transformación institucional y prosperidad sostenida. En desempleo, la distancia frente al promedio de la Ocde sigue siendo visible: en 2025, España registró 10,4%; Brasil, 5,8%; Colombia, 8,4%; Sudáfrica, 32,4%; y Barbados, 6,5%, frente a un promedio Ocde de 4,9% (Banco Mundial, 2026). En PIB per cápita de 2024, Brasil reportó US$10.311; México, US$14.158; Colombia, US$7.919; y Sudáfrica, US$6.267, mientras que el promedio de los miembros de la Ocde fue de US$48.322 (Banco Mundial, 2026). En el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, México obtuvo 27 puntos; Brasil, 35; Colombia, 37; y Sudáfrica, 41. Como referencia, el promedio Ocde más reciente citado para este indicador fue de 66,6 puntos (Transparency International, 2026; Ocde, 2025).
Este balance cuestionable no invalida su derecho a participar, pero sí hace discutible la pretensión de presentarse como ejemplo de transformación. Es, más bien, la cumbre del camino equivocado, de la falsa moral y la demostración de cómo el cáncer de la corrupción ha erosionado el proyecto estatista de la izquierda.
La crisis fiscal debe empezar resolviéndose por ahí pero hasta ahora solo hay palabrarería. Los más duros en el discurso contra los corruptos tienen a su vez fotos sonrientes con delincuentes procesados que se robaron, algunos, incluso países enteros
Al final, el propio video del Daily Mail deja ver una última capa del problema. Israel, por ejemplo, mantiene un sistema de censura militar que impide la publicación de imágenes sensibles de su territorio