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Instagram y la política

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Hasta no hace mucho, la plataforma predilecta de los políticos colombianos para su estrategia de comunicación era Twitter, la reina de la inmediatez. A Facebook la miraban de soslayo, pues ni ellos ni sus asesores le veían gran valor, mientras que Instagram no la entendían, pero hacían acto de presencia por si acaso.

Varias cosas han cambiado en los últimos meses. Facebook se está convirtiendo en la pieza fundamental de comunicación de los políticos, que si bien siguen muy activos en Twitter, ya han comenzado a retirar todos los huevos de la misma canasta. A su vez, poco a poco, casi como quien no quiere la cosa, Instagram ha empezado a ganarse un espacio.

Y es que las cifras hablan por sí solas. Hace seis meses, Instagram, la red social para compartir fotos y videos de un minuto o menos, contaba con 500 millones de usuarios. A 15 de enero del presente año, sumó un 25% de usuarios más, es decir, ya está en 600 millones. Una auténtica barbaridad.

En Colombia, según números extraoficiales, cuenta con más de 14 millones de usuarios, aún lejos de los más de 22 millones de Facebook, pero muy por encima de los 10 millones de Twitter.

Los políticos colombianos no han sido ajenos a esta información y han ordenado a sus equipos de redes sociales afinar sus estrategias de Instagram. El todavía vicepresidente Germán Vargas Lleras, el senador Iván Duque, la senadora Claudia López y el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, todos ellos posibles candidatos para las elecciones presidenciales de 2018, cada vez son más activos.

Ese mismo camino lo están siguiendo bastantes otros políticos nacionales. Y hacen bien, porque, con su sencilla usabilidad, es a día de hoy la red social más revolucionaria del mercado y todavía con un descomunal potencial de crecimiento.

Dicho esto, en un análisis que hice de las cuentas de 50 políticos relevantes a nivel nacional, no más de cinco están sacándole todo el jugo que ofrece esta plataforma, que es muy fuerte entre los colombianos de 18 a 34 años de edad.

Por ejemplo, hay quienes no han publicado ni un solo video, quizá por desconocimiento o por la falsa creencia de que solo se deben subir videos divinamente editados. Un dato, el video no solo suele generar mayor interacción, sino también más empatía. Hay que arriesgarse más. El mercado lo está pidiendo. Sin embargo, no filmen un video hablado cuando están al lado de un helicóptero con las hélices prendidas. 

Por otra parte, muchos están usando numerales de manera indiscriminada, y peor aún, sin sentido alguno. Éstos deben ser escogidos minuciosamente y estar apalancados en un propósito. Precisamente para evitar que al hacer clic en ellos uno se encuentre con un hombre tocándose los testículos o fotos de glúteos variopintos.

Otros han agarrado Instagram al más puro estilo de Narciso, aquel Dios griego que vivía enamorado de su propia imagen y no hacía sino ver su reflejo en una fuente en la que terminó ahogándose. No olviden algo, son políticos, no modelos en bikini.

No hay que estar en Instagram solo por tener presencia en esta red social. Debe haber un objetivo claro y conciso. Instagram es una red que no genera tráfico. Es amable, al menos hasta el momento. Las noticias duras y tristes no se comunican por ahí de manera cruda y fría como sí se hace en Twitter, o inclusive en Facebook. 

Ejemplos de buenas prácticas en el mundo los hay por doquier. Políticos creativos, audaces, que saben hacer uso de la imagen para conectar con el electorado. Investiguen. En la vida todo está inventado. Es solo saber dónde mirar.

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