Elecciones, redes y digital

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En 2015, un año antes de las elecciones de Estados Unidos, un precandidato demócrata marcaba apenas un 3% en las encuestas. Este personaje tenía todo en su contra: no contaba con el apoyo del establecimiento, su nombre era prácticamente desconocido a lo largo y ancho del país y en cuanto a recaudación de fondos, las cosas pintaban negras.
Si Bernie Sanders quería ganar la candidatura demócrata de 2016, su campaña tendría que financiarse con decenas de miles de pequeñas donaciones, ya que de los grandes donantes no iba a recibir ni un centavo.
Su equipo de trabajo, estudioso del mundo digital, no se amilanó. Setenta y dos horas antes de que Sanders anunciase que iba a entrar en la contienda, armaron una estrategia digital para el lanzamiento de la campaña, montaron una página web, una red de correos, un programa de recaudación de fondos y una estrategia de distribución paga digital. Veinticuatro horas después del anuncio, el equipo recolectó US$1,5 millones. Más de 100.000 personas se unieron a la campaña en ese lapso y 35.000 de ellas realizó algún tipo de donación. Durante su campaña, recogió más de US$90 millones provenientes de un millón de personas entre las que realizaron 3,3 millones de donaciones.
La campaña digital no le dio la victoria a Sanders, pero sin esta no se hubiera posicionado como la gran revelación. Los resultados lo convirtieron en un fenómeno de la política estadounidense; sus ideas socialistas calaron en un importante segmento de la población y gracias a digital es que hoy es uno de los grandes aspirantes a combatir a Trump en 2020.
Y tal y como lo hiciera en 2015, Sanders nuevamente es el alumno más avanzado en su estrategia digital. De los más de 20 precandidatos demócratas que están hoy en pugna, el senador de Vermont es el que está ganando la batalla en el campo virtual. ¿Cómo?
Ningún otro precandidato cuenta con la base de datos de correos electrónicos que tiene Sanders. Gracias a la tarea que realizó hace cuatro años, el senador tiene más de 3 millones de direcciones que fue recogiendo a través de pauta digital.
Pero una buena base de datos sin organización no es suficiente. Sanders cuenta con un equipo sumamente metódico y organizado. A cada discurso que pronuncia su candidato le sigue un proceso ordenado de difusión del mensaje que toma dos o tres conceptos clave que convierten en tendencia y generan videos y post en torno a estos, que a su vez distribuyen en masa en todos los canales digitales posibles.
A fecha de hoy, Sanders es el único demócrata que tiene la fuerza digital para hacerle frente a Trump. En Facebook, Twitter, Intagram, YouTube, Reddit y WhatsApp, Sanders tiene un ejército de colaboradores que, curiosamente, coordinan todo desde un grupo en una plataforma relativamente nueva: Slack.
Tomarse las campañas digitales en serio es algo que pocos políticos en campaña hacen. O si lo hacen, se desentienden muy rápido y dejan el asunto en manos de jóvenes sin experiencia o veteranos arcaicos. El asunto no va con ellos o con ellas. Hacer un par de videos no es suficiente.
Una campaña digital exige tiempo y compromiso, sobre todo por parte del candidato. Ciego el que sigue pensando que las elecciones se siguen ganando a la antigua usanza. Quien vaya sembrando hoy, recogerá los frutos muy, pero que muy pronto.

La campaña digital no le dio la victoria a Sanders, pero sin esta no se hubiera posicionado. 

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