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Tribuna Universitaria 05/10/2018

Elecciones en Brasil

David Trujillo González
Estudiante de Ingeniería Civil

“El presente año es trascendental en el futuro económico y político de nuestra región”, escribió Roberto Rave en este diario hace unos meses, aludiendo a los procesos electorales que experimentaría América Latina en países como México, Colombia y Brasil durante el año. Pues bien, el próximo domingo el turno es para el gigante sudamericano, que llevará a cabo la primera vuelta presidencial y elige básicamente entre Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores, representante del continuismo socialista de Lula da Silva-Dilma Rousseff, que completa casi dos décadas en el poder; y Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal, candidato de derecha que lidera la intención de voto en todas las encuestas.

El apelativo de «derecha» e «izquierda» está más vigente que nunca en la política brasileña, por lo que el país se encuentra sumido en un ambiente de polarización, incluso más fuerte que el que vivió Colombia en los últimos cuatro años. El odio de clases y la agresividad que promulga el discurso de los candidatos de izquierda, Haddad y Gomes, validadores de la dictadura venezolana, aumenta la tensión en la sociedad. Mientras que Bolsonaro consiguió catalizar la inconformidad de millones de brasileños y la transformó en una fuerza electoral en favor de un inminente cambio de gobierno, a pesar de los mezquinos y sistemáticos ataques a su campaña. Esta historia suena familiar, ¿no?

Brasil se asemeja en gran medida a nuestro país. En su contexto social, apremia la desigualdad, que no sería grave si el 50% de los brasileños no subsistiera con un salario mínimo -en Colombia esta cifra es del 52% según el Gobierno Nacional-. Sin embargo, hay problemáticas que afligen de manera más directa a los brasileños, por ejemplo, la alta tasa de criminalidad asociada al narcotráfico que cobró la vida de casi 64.000 personas en 2017, de acuerdo con el Foro Brasileño de Seguridad. Una cifra escandalosa que supera las muertes violentas de países en guerra como Siria e Irak.

El deficiente servicio de salud y la corrupción también son fracasos de políticas anteriores. Según el indicador de corrupción del Cesla, para 2018, que sintetiza la información del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, entre otras instituciones, ubica a Brasil por encima de la media de la región con 68/100, revelando que el país tiene un “nivel alto de corrupción y debilidad extrema en política anticorrupción”. Es precisamente en estos aspectos donde Bolsonaro se hace fuerte y propone grandes cambios, aunado a la confianza que le presta tanto al sector empresarial y financiero, como a las fuerzas militares.

No extrañaría que este candidato sea electo en primera o segunda vuelta, más bien, parece imperativo. Y así mismo, considerado un ‘Trump’ latino para algunos, consiga redireccionar a Brasil, fortaleciendo su economía y llevándola a crecer como se proyecta, al tiempo que le da solución a los flagelos sociales que enfrenta ese país.