Analistas

Entre dos mundos

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Cecilia Arango Rojas

Inteligencia Artificial, transformación digital, cuarta revolución industrial, robótica... son temas que se han convertido en el día a día de nuestro vocabulario. Sin lugar a dudas son retos que nos impone el desarrollo moderno, que nos exige estar actualizados para poder seguir conectados, productivos y competitivos como nos exige el mundo globalizado.

Le pedimos a nuestros jóvenes que estudien carreras afines a estos temas y se inclinen por lo que hoy consideramos unas “carreras con futuro” por el buen pronóstico que tienen en la dinámica laboral y empresarial.

Sin embargo, debemos ser conscientes de que estos retos son para una parte de la sociedad. Otra gran parte aún busca superar las necesidades básicas: disfrutar de servicios públicos, educación de calidad y salud que garanticen condiciones de vida digna.

El verdadero reto está en planear para armonizar el desarrollo de estos dos mundos, el de los que están en el siglo XXI y el de los que están aún en el siglo XIX, evidenciando la gran inequidad en nuestra sociedad.

Para entender la realidad de los territorios usamos los indicadores, que mediante metodologías estadísticas buscan caracterizarla. Pero algunas veces no logran reflejarla correctamente, utilizando los promedios para facilitar el entendimiento y la gestión de la problemática.

Los promedios ocultan realidades y cuando creemos que estamos muy bien porque los mejoramos, también debemos analizar detalladamente la base de la información.

Por ejemplo, si tú y yo tenemos hambre y yo me como un pollo, en promedio nos comimos medio pollo cada uno. Entonces tú no deberías tener hambre según las estadísticas.

Y esto no es correcto, la realidad es que debes estar muerto de hambre, pues no has comido nada. Esto mismo sucede cuando analizamos nuestros indicadores sociales. Se ocultan los extremos, siendo los más vulnerables los más perjudicados.

Un indicador es el de la pobreza multidimensional que compara variables como salud, servicios públicos, estado del hogar, condiciones de la niñez y juventud, trabajo, y condiciones de la vivienda.

Las regiones con las tasas de incidencia de pobreza multidimensional más altas son Caribe y Pacífica (sin Valle del Cauca), con 33,5% y 33,3% respectivamente. En Bogotá, bajo la misma mirada, el IPM es sólo el 4,3% y en Valle del Cauca 13,6%.

Significa entonces que Bogotá está muy bien? Según estos datos se concluiría que si, pero son muchas las necedades apremiantes que se esconden detrás de este promedio. O que en el Caribe, donde tenemos los índices más bajos, debemos enfocarnos sólo en lo más grave?

Se trata de planificar integralmente y sobre todo, llevar a cabo programas y proyectos que conduzcan a satisfacer las necesidades y expectativas de todos.

Diseñar un plan que brinde soluciones para el mundo digitalizado y uno para el que todavía se encuentra en el siglo XIX, que debe encontrar una ruta expedita al desarrollo.

Y sobre todo, que los principales esfuerzos estén colocados en hacer que nuestros niños crezcan sanos y educados, para que puedan ser considerados, como afirma Nicholas Negroponte, el principal recurso natural de un territorio.

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