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Tribuna Parlamentaria 07/12/2021

No al populismo con el salario mínimo

Catalina Ortiz
Representante a la Cámara

Hace unos días inició la discusión alrededor del aumento del salario mínimo, que es, sin duda, uno de los asuntos económicos que más polémica levanta en el país. En Colombia nos cuesta tener este tipo de conversaciones difíciles que son profundamente ideologizadas y le tocan el bolsillo tanto a los que devengan un salario, como a los que los tienen que pagar y, sobre todo, a los que no encuentran trabajo.

Lastimosamente, estas discusiones por lo general terminan convirtiéndose en caballo de Troya para las campañas políticas y los populismos baratos. Hemos visto cómo, sin mayor rigor, algunos políticos y candidatos terminan dando declaraciones y elevando propuestas de salario sin mayor sustento, simplemente para el encanto de los electores. Se creería que esto es más una cosa de las campañas de izquierda, pero pasa muy a menudo con las figuras de derecha. Casos como los de Álvaro Uribe, Federico Gutiérrez, Juan Carlos Echeverry y César Gaviria, entre otros, nos recuerdan lo fácil que es hacer política con el salario mínimo.

Y la verdad es que en Colombia necesitamos dar una discusión técnica y ajustada a las realidades del país alrededor del salario mínimo. Es cierto que el aumento en el salario en Colombia no va en concordancia con un aumento en la productividad, lo que en últimas significa que terminamos pagando más por el mismo trabajo lo cual puede explicar el estancamiento en nuestra productividad y que el salario no la jalone.

Por otro lado, algunos organismos como la Ocde y el BID, a partir de estudios realizados en varios países, indican que un aumento del salario no necesariamente va ligado a aumentar el desempleo formal. El premio Nobel de economía, David Card, tampoco condiciona el aumento en salario al desempleo. Lo cierto, es que la discusión del salario en Colombia es más un forcejeo entre gremios, sindicatos y gobiernos que una discusión con mayor sofisticación que sopese argumentos de productividad con los de desempleo y otros.

Tampoco se da espacio para hablar de temas importantes sobre el salario mínimo como es la idea de regionalizarlo. Así como no todos los países tienen el mismo poder adquisitivo, no todas las regiones de Colombia tienen el mismo poder económico y los mismos precios de oferta y demanda. En Colombia esta discusión no ha tenido mucho avance, pero la evidencia sugiere que un salario diferencial trae un incremento en la capacidad económica de las personas que, a fin de cuentas, se traduce en la reducción de la pobreza monetaria y en la disminución de la desigualdad nacional.

Hay otras discusiones atadas al salario como la de la inflación inercial, la informalidad galopante de nuestra economía, entre otras. Pero lo cierto, es que hoy son más las consignas como las de hace cuatro años de un expresidente clamando por más salario, o algunos candidatos proponiendo aumentos desmedidos. De hecho, hay ataques al salario hasta de los más duros representantes de la tecnocracia local. En medio de esta campaña electoral, exijamos una discusión más profunda y rigurosa sobre el salario mínimo como instrumento de productividad y como incentivo para la formalización. Barajemos soluciones más creativas y dejemos de usar argumentos arcaicos, populistas y miopes.