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Hay ganadores y perdedores en la economía con el dólar barato, como lo hay en todo fenómeno económico, pero en este caso las pérdidas de mantenerse este fenómeno pueden ser graves y de difícil recuperación. Hay ganadores entre los importadores que pueden conseguir todo más barato, los hay entre quienes tienen deuda en dólares, entre ellos el gobierno porque le sale mucho más barato el servicio de la deuda.
Es una oportunidad para que la industria modernice su tecnología ya que puede importar maquinaria de última generación con precios razonables en pesos, y es muy favorable para los colombianos que salen a pasear al exterior, porque el poder de compra del peso se ha fortalecido.
Los perdedores serán necesariamente los exportadores, a quienes además del dólar barato les ha tocado enfrentar varios factores que han afectado su competitividad. Desafortunadamente, nuestras principales exportaciones, excepción hecha de las minero-energéticas, son intensivas en mano de obra -hablo de las confecciones, el café, las flores, entre otras-, y en el último año el costo de la mano de obra se ha incrementado notoriamente no solo por el aumento del salario mínimo, sino también por los cambios en el número de horas de trabajo.
En esta competitividad incide también la política arancelaria de EE.UU., que impuso, además de 10% universal, un 2,5% a Colombia por ser importador de productos donde no se respetan las normas laborales.
Es perdedora la industria nacional, que pierde competitividad ante importaciones que se adquieren con un peso sobrevaluado. Es que las monedas de nuestros dos principales socios comerciales, que además son las dos potencias económicas, están devaluadas, y si a esa devaluación le sumamos la política interna que ha propiciado el ingreso de dólares al mercado, nos encontramos con que el peso es la segunda moneda más revaluada en el mundo y, desde luego, la más revaluada de la región.
Son perdedores quienes reciben las remesas, ya que según un reporte reciente esto ha afectado la industria de la construcción, porque un porcentaje de estas remesas se destina a la compra de vivienda. Un peso fuerte acaba afectando los sectores menos pensados.
Tanto el dólar como el yuan están devaluados, y esos dos orígenes representan 50% de nuestras importaciones, lo que hace que la industria nacional tenga que competir en condiciones desventajosas. The Economist publicó un artículo en el cual, mediante el índice Big Mac, muestra la revaluación de estas monedas, y ello se aplica también en Colombia, donde un Big Mac cuesta US$8,50, mientras en EE.UU. vale US$5,90 y en China, US$4,00; es decir, que con la misma plata con la que se compra un Big Mac en Colombia se pueden comprar dos en Beijing y 1,7 en Estados Unidos.
Cuando existe en la economía un desbalance como este, en el que nuestra moneda, que representa nuestra economía, es mucho más fuerte que las monedas de las dos potencias mundiales, hay un problema serio, y ese problema, si se prolonga en el tiempo, causará la quiebra de buena parte de nuestra industria y dará al traste con la diversificación de las exportaciones.
En buena hora el Banco de la República anunció que comprará dólares para estabilizar la divisa, pero ello no es suficiente; es necesario que el nuevo gobierno se abstenga de monetizar en razón de la deuda en dólares y que, si necesita recursos, los consiga con bonos en el mercado interno. Según los expertos, el precio del dólar debería rondar los $4.000, de manera que estamos subsidiando hasta $800 por cada dólar, lo que constituye una carga exagerada para un país como Colombia.
Hay un punto que las juntas suelen pasar por alto: el deber de diligencia del buen hombre de negocios que la Ley 222 de 1995 impone a los administradores no admite la excusa de que la decisión la tomó una máquina
Los Estados Unidos aprovecharon la gran oleada de inmigrantes europeos, que representaba 20% de su población, provenientes de Alemania, Italia y Europa Central. Tras los estragos de su guerra civil (1861-1865), la reconstrucción del Este y la conquista del Oeste californiano fueron pivotes de gran modernización