Analistas

APP ambientales

En el reciente foro acerca de los retos de la agricultura y el ambiente realizado en medio del Congreso Mundial de Conservación de Uicn, Jeffrey Sachs dijo lapidariamente que el Estado era incapaz de hacer las reformas que requería el mundo para entrar en una era de sostenibilidad:  “no podemos confiar en que las respuestas vengan de ese lado”. Sin desestimar su rol y legitimidad, por supuesto, planteó como única alternativa la construcción de acuerdos sociales más amplios para garantizar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible antes de que el cambio climático nos lo impida por completo.

Los acuerdos por la sostenibilidad han ido empezando a adquirir un rostro formal para que no sean una invención retórica más, para lo cual el esquema de colaboración que se requiere entre el Estado y el resto de la sociedad demanda niveles de innovación hasta ahora poco desarrollados. La idea, sin embargo, es enfocar las alianzas en la resolución de problemas concretos de gestión del territorio con base en los conocimientos compartidos de todos los actores y del reconocimiento de intereses que se deben considerar en una negociación democrática. Ninguna perspectiva más adecuada para votar “si” que contar con una agenda real de posconflicto.

Algunos ejemplos de este tipo de acuerdos por la sostenibilidad, donde ya hay lecciones aprendidas y camino adelantado incluyen los esfuerzos de Fedepalma, Cenipalma, WWF y los productores de algunos núcleos palmeros por producir limpio y sin impactos negativos a terceros. Habría que recoger las experiencias de los proyectos GEF (Fondo Mundial para los Ecosistemas) en los temas cafetero y ganadero, e instar a la SAC y un gremio ganadero renovado a aceptar una política ambiental de fondo para todos sus asociados: si bien muchos dirigentes ya ven en ello una necesidad, los productores aún temen por el futuro de sus inversiones. Hay que esperar que muchos de los motivos que hacían dudar de la conveniencia de la acción colectiva se disipen ante la urgencia de la crisis climática, los anuncios comprometidos de la banca multilateral, y los mensajes de los tanques de pensamiento y los fondos de garantías: las agendas ambientales concertadas ni son una señal de castrochavismo ni de corporativismo trasnochado. 

La noción de APP ambientales debería cobijar también iniciativas entre sectores tan disímiles como los urbanizadores y las comunidades locales, definiendo nuevas cualidades de las ciudades como hábitat humano. La Cámara Colombiana de Construcción ha dado pasos muy importantes en este sentido, faltan proyectos de envergadura en vivienda social. 

El ajuste e implementación del Plan de Acción Nacional  de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, presto a ser presentado por Colombia ante el CBD de UN (20 años tarde) debe basarse en esta clase de acuerdos colectivos, aprovechar la construcción de paz como fuente de inspiración para reconocer el territorio, las necesidades urgentes de su población marginal y las posibilidades de orientar en direcciones novedosas sus perspectivas de desarrollo. Así en algunos casos incluso signifique cuestionar la noción clásica de desarrollo. El mismo Sachs acaba de dejar la dirección del Earth Institute para liderar la implementación de la iniciativa global de “Soluciones para la sostenibilidad” (http://unsdsn.org/), consciente de que el tiempo se acaba y no nos podemos dejar ahogar por ninguna clase de retórica, la peor amenaza que enfrenta nuestro posconflicto.