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ANALISTAS 30/06/2026

Asignatura pendiente

Billy Escobar
Exsuperintendente de Sociedades
Billy-Escobar

Colombia suele discutir sobre educación superior y competitividad como si fueran asuntos distintos. Sin embargo, basta observar la realidad empresarial del país para entender que están profundamente conectados.

Esa conexión se hace evidente al observar la dimensión del tejido empresarial colombiano. Fuera de Bogotá, Cali y Medellín, existen más de un millón de empresas registradas que enfrentan desafíos relacionados con productividad, transformación digital, sostenibilidad y crecimiento empresarial.

Las universidades colombianas han avanzado de manera significativa en calidad, acreditación e internacionalización. Al mismo tiempo, el sistema educativo enfrenta la responsabilidad de preparar a sus estudiantes para tecnologías que evolucionan a gran velocidad, ocupaciones que aún no existen y mercados laborales en permanente transformación. Pero esa mirada hacia el futuro no puede hacerles perder de vista las necesidades concretas de las empresas y de los territorios donde esos estudiantes desarrollarán sus proyectos de vida.

Durante las últimas décadas se han multiplicado los espacios de interacción entre las instituciones de educación superior y el sector productivo. Sin embargo, un amplio número de empresarios coincide en que muchos jóvenes llegan con una sólida formación conceptual, pero con dificultades para comprender los contextos donde deberán aplicar sus conocimientos.

La limitada presencia de modelos de formación que integran el aprendizaje con experiencias reales muestra que todavía existe espacio para acercar a los estudiantes a la dinámica cotidiana de las organizaciones y a los retos de quienes toman decisiones en entornos cada vez más complejos.

La asignatura pendiente no consiste en que todos los estudiantes pasen más tiempo en las empresas. Consiste en algo más amplio y profundo: ayudarles a comprender mejor el país donde ejercerán. No basta con formar profesionales capaces de resolver casos. También necesitamos formar profesionales capaces de comprender contextos.

Colombia dispone de abundante información sobre sus sectores productivos y sus regiones. Estudios del Dane, la Superintendencia de Sociedades, las cámaras de comercio y los gremios ofrecen una radiografía detallada de los desafíos empresariales. Aprender a interpretar esa información puede ser tan importante como estudiar los casos internacionales que suelen analizarse en las aulas.

Las organizaciones siguen necesitando conocimientos especializados, pero cada vez valoran más la integridad, la gestión de riesgos, la adaptación al cambio y el trabajo colaborativo. La ética, el cumplimiento y la construcción de confianza son hoy capacidades cada vez más relevantes para el desempeño profesional.

Esa combinación entre conocimiento técnico y comprensión del entorno resulta especialmente importante en un momento en que la productividad ocupa un lugar central en la agenda económica nacional. Generar más riqueza, más empleo y mayores oportunidades depende de la inversión, la infraestructura y la tecnología. Pero también, y de manera decisiva, del talento humano. Difícilmente construiremos organizaciones más competitivas si seguimos formando profesionales que conocen las teorías, pero tienen dificultades para interpretar las realidades donde deberán aplicarlas.

El siguiente paso consiste en fortalecer la capacidad de los estudiantes para comprender las realidades económicas y empresariales del país. Las oportunidades de crecimiento de Colombia no se jugarán únicamente en los laboratorios, los campus o las aulas. También se definirán en las miles de empresas que cada día generan empleo, riqueza y bienestar en los territorios. Allí es donde el conocimiento deja de ser teoría y empieza a convertirse en desarrollo, competitividad y prosperidad.

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