Analistas 13/10/2020

¿Regresará la inflación?

En gran parte del mundo la inflación sigue sin ser un motivo de preocupación para las autoridades económicas e inversionistas. De hecho, el mayor problema en las economías desarrolladas es que, a pesar de contar con más de una década de estímulo monetario y expansión de balances por parte de sus bancos centrales, el incremento de precios ha estado por debajo de los objetivos. En consecuencia, no resulta evidente plantear que la inflación se convertiría en un tema de inversión importante durante los próximos cinco años o, de hecho, alguna vez. Sin embargo -y siempre hay que pensarlo dos veces antes de usar estas cuatro palabras-, en BlackRock creemos que “esta vez es diferente”.

Esta aseveración se fundamenta en la identificación de tres nuevas fuerzas que no existían (o solo de manera muy débil) en el pasado. El proceso de desglobalización y el efecto de covid, evidenciado con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, redundará en un aumento de los costos de producción a nivel mundial. Los bancos centrales están cambiando –de manera significativa– sus marcos de política, con la intención de llevar la inflación por encima de sus objetivos, al menos por un rato. Finalmente, lo que hemos denominado como la “revolución de la política fiscal y monetaria conjunta” –una respuesta necesaria a la crisis ocasionada por el covid– puede llevar a mayores restricciones políticas para que los bancos centrales reaccionen más temprano que tarde a presiones inflacionarias. Revisemos cada uno de estos factores en detalle.

Primero, es probable que aumenten los costos de producción global. La desglobalización y la reasignación de cadenas de suministro llevará a una especialización global reducida y costos de bienes más altos. A su vez, como consecuencia del covid-19, se espera que se produzcan incrementos en los precios de servicios. Costará más proporcionar una parte notable de los servicios de contacto intensivo debido a la capacidad reducida. Esto se podrá ver desde consultas de dentistas hasta restaurantes. A su vez, en lugares donde el péndulo político se ha inclinado en abordar los estallidos sociales que generan crecientes niveles de desigualdad, se pueden producir incrementos salariales o mayores subsidios. Por otra parte, la tecnología -que ha jugado un rol deflacionario central durante las últimas décadas- enfrenta la posibilidad de una reducción de la competencia entre empresas cada vez más grande y con más poder de fijación de precios que nunca.

En segundo lugar, los principales bancos centrales están modificando sus marcos de política y tienen la intención explícita de permitir que la inflación supere sus objetivos -al menos temporalmente- al pasar a cálculos basados en niveles promedio. Este es un cambio importante en el enfoque de estas instituciones de las últimas décadas, que solo intentaron elevar la inflación de nuevo al objetivo después de períodos prolongados de no poder lograrlo. En particular, la Reserva Federal de Estados Unidos ha adoptado un nuevo marco de política, empujando deliberadamente la inflación por encima de su objetivo de 2% para compensar los déficits pasados. También anunció que no será necesario tener en cuenta los mercados laborales ajustados para gestionar los riesgos de inflación. Sin un marco claramente definido aún para su enfoque de metas de inflación promedio, la Reserva Federal renunció dos razones claves para elevar las tasas de política: la inflación alcanzando su meta y la tasa de desempleo alcanzando un cierto nivel consistente con la inflación meta.

En tercer lugar, tenemos algo aún más importante en juego que podría hacer que las expectativas de inflación se desanclaran en un momento en el que ya podrían estar aumentando. Vemos un riesgo para el ancla nominal -donde los principales bancos centrales pierden el control de las expectativas de inflación en relación con sus niveles objetivos- con objetivos nuevos y menos precisos, sobre todo sin una clara estrategia de salida de las medidas de estímulo actuales. Las expectativas bien ancladas se han dado por sentadas durante más de 30 años, pero esto podría cambiar al existir límites menos precisos entre las políticas fiscales y monetarias. Creemos que la decisión por parte de un banco central de comenzar a adoptar una política monetaria más restrictiva estará más politizada; y sin un marco claro, se volverá más difícil que los bancos centrales tomen medidas preventivas ante señales de mayor inflación. Al observar el impacto concreto de los mayores costos del servicio de la deuda debido al incremento de tasas de interés o reducción de balance, el riesgo menos tangible –pero no por ello menos real- de aflojar el control sobre las expectativas de inflación probablemente palidecerá en comparación.

Una vez que regresen niveles de inflación más altos es probable que ya sea demasiado tarde para que los inversionistas reaccionen. Probablemente, los mercados se muevan rápidamente para llevar a precios las expectativas de inflación más altas. Las tasas de inflación de equilibrio actuales sugieren que esto aún no ha sucedido, lo que abre una ventana de oportunidad para quienes invierten con horizontes de mediano a largo plazo en relación con nuestras expectativas de inflación. Por todas estas razones, creemos que hay un creciente rol de bonos indexados a inflación, así como otras alternativas que protegen contra el incremento de precios antes señalado, tanto como fuentes potenciales diversificación y resiliencia.

Es posible que las estimaciones prospectivas no se cumplan. Fuentes: BlackRock Investment Institute y la Reserva Federal de EE.UU. con datos de Refinitiv Datastream, septiembre de 2020. Notas: El gráfico muestra una medida de mercado de lo que serán las expectativas de inflación a cinco años basadas en el índice de precios al consumidor (IPC) dentro de cinco años. Lo mostramos usando el swap de inflación de cinco años en cinco años. La línea se adelanta cinco años. El punto naranja muestra la estimación actual del BlackRock Investment Institute de la inflación promedio del IPC de Estados Unidos para el mismo período de cinco años entre 2025 y 2030.