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Tribuna empresarial 16/01/2021

Cannabis medicinal y su esencia

Como es natural, ante el auge de una nueva actividad productiva los primeros aspectos que llaman la atención son aquellos tangibles que permiten dimensionar la capacidad del sector; en el caso de la industria del cannabis medicinal en Colombia, estos han sido más que todo: la inversión desplegada, las capitalizaciones, las hectáreas adquiridas, la comercialización de commodities, la cantidad de empleos, la dinámica exportadora y los avances en materia regulatoria.

Sin embargo, aunque estos puntos son un componente fundamental del engranaje de dicho renglón económico, la realidad es que después de más de media década desde que llegaron las primeras empresas al país, y tras más de US$1.000 millones invertidos, el componente médico sigue sin consolidarse como la bandera de la industria; lo que hace que el entendimiento de esta esté ligado a la operación agropecuaria y, en muchos casos, a materias primas y derivados, que no necesariamente reflejan todo el sustento científico que tiene el negocio.

Esta concepción, que en parte se debe a la tarea pendiente de las diferentes agremiaciones y empresas por educar a la comunidad, los pacientes, el personal de salud y la academia sobre las propiedades médicas de los cannabinoides, incide en que a día de hoy los verdaderos aportes socioeconómicos y, sobre todo, de salud y bienestar estén quedando en un segundo plano.

Si bien es cierto que la comercialización de derivados no psicoactivos, aislado de CBD, CBG, semillas feminizadas y API (active pharmaceutical ingredient), entre otros, es un negocio con gran proyección en Colombia, no hay que dejar de lado que hablar de productos de salud, además de representar una solución real para múltiples indicaciones clínicas y comorbilidades, supone hablar de productos de valor agregado.

Este hecho, por tratarse de la cima de la pirámide productiva, y por integrar el componente agro al mercado clínico, se traduce en un incremento de los encadenamientos productivos, la inversión, el empleo, las exportaciones, el recaudo fiscal y demás beneficios socioeconómicos con los que se ha asociado a la industria del cannabis medicinal en los últimos años.
Ahora bien, modificar la concepción actual que se tiene de esta actividad no solo es un aspecto que incide en la competitividad comercial; asociar el componente médico también conlleva a reconocer todo el trasfondo de Investigación y Desarrollo (I+D) y de rigor científico que hay detrás y, a su vez, a dimensionar que la industria está en posición de reducir el costo de diversos tratamientos de alto costo.

Teniendo en cuenta el estigma vinculado al cannabis y el grado de desconocimiento que existe sobre sus usos no recreativos, en este inicio de 2021, el principal desafío del sector de cannabis medicinal gira entorno al posicionamiento de su esencia: la salud. Así, en el caso de Avicanna, además de trabajar por educar y sensibilizar al cuerpo clínico, el foco estará centrado en empezar a trasladarle al paciente colombiano los diferentes beneficios médicos de los cannabinoides a través de la Farmacia Magistral de la empresa, que ya está certificada y en funcionamiento.

En la medida en que se logre entender la naturaleza médica del sector, Colombia podrá capitalizar todo el potencial que tiene el cannabis. Apuntarle a un producto de valor agregado en medio de la reactivación económica no es solo un tema de competitividad, es otra forma de seguir construyendo país.