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El silencio de los inocentes

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Andrés Otero Leongómez Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

La reciente caída de la Ley de Financiamiento mostró una vez más que el Presidente necesita recuperar la gobernabilidad si quiere evitar empalmar con un gobierno de izquierda en 2022. Una pieza crítica para lograrlo es el respaldo irrestricto de los gremios. Un país con liderazgo empresarial logra superar cualquier crisis institucional, por difícil que parezca.

Su silencio sepulcral me preocupa.

En los últimos 40 años Colombia ha enfrentado todo tipo de ataques a la institucionalidad, pero hemos ganado la partida gracias al respaldo, compromiso y determinación de la clase empresarial. La guerra contra las drogas; la quema del Palacio de Justicia; los ataques narcoterroristas; la Constituyente del 91; la elección de un Presidente con dineros del narcotráfico; los secuestros y pescas milagrosas; el Caguán; el desplazamiento de poblaciones; las fosas comunes y los falso positivos; la JEP y la legitimación del narcotráfico; y muchos otros eventos que han puesto al país de rodillas y al borde de convertirnos en un Estado fallido.

Pero independiente de sus diferencias ideológicas o partidistas con el gobierno de turno -o de las dificultades particulares para sus intereses sectoriales, siempre pusieron al país por delante y fueron un aliado al momento de negociar con los grupos al margen de la ley, la oposición, las comunidades, los indígenas, los sindicatos, el gobierno americano o venezolano, y con cualquier otro actor crítico para los intereses de la Nación.

El Consejo Gremial históricamente ha estado a la altura de los acontecimientos y no ha desvanecido ante las amenazas de los actores armados. Han actuado del lado del país, defendiendo la democracia y el estado de derecho, y contribuyendo económicamente para el fortalecimiento de nuestras instituciones.

Que hubiese sido del Plan Colombia sin su aporte.

En la coyuntura actual no se escuchan sus voces con la vehemencia y liderazgo de otras épocas. Algunos gremios se han convertido en la puerta giratoria de los burócratas de turno y sus líderes, en convidados de piedra. Algunos prefieren posar de apolíticos, evitar la controversia, y prefieren no opinar u oponerse por temor a represalias. Han dejado de ser un respaldo para el gobierno y un consejero en tiempos de crisis, a simples figuras decorativas en posesiones y giras presidenciales.

Mi llamado es para que aquellos líderes naturales en sus respectivos sectores entiendan que el Gobierno solo no va poder apagar los incendios sociales en el Cauca; sentarse a negociar acuerdos comerciales con Estados Unidos y China en medio de su guerra comercial; desarmar la lucha de clases y polarización en la que vivimos; o hacer entrar a las Cortes en razón sobre los riesgos económicos y políticos de muchos de sus fallos.

Entiendan, ustedes serían los primeros sacrificados con un gobierno socialista. Sino pregúntenles a sus pares mexicanos.

Por eso, necesitamos líderes gremiales con carácter y sin miedo de ejercer su liderazgo, que no confundan la independencia, objetividad y sensatez con la tibieza. Ayudemos al gobierno a recuperar la confianza inversionista y estabilidad económica que el país tanto necesita, y defendamos con convicción el capitalismo responsable que ustedes representan.

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