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El arte de negociar

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Negociar con las bancadas y recomponer filas no es mermelada, es un arte.

Señor Presidente, todavía está a tiempo de recuperar el rumbo de su Gobierno y no convertirse en lo que los americanos denominan un ‘lame duck president’ - presidente inoperante. Es indispensable recuperar la gobernabilidad, recomponer un gabinete que represente el mayor número de fuerzas políticas, y empezar a seducir y persuadir al Congreso, a las Cortes y al pueblo con su liderazgo, en lugar de quedarse lamiendo sus heridas.

Quienes lo elegimos, votamos por usted porque no estábamos de acuerdo en cómo quedó plasmado el acuerdo de paz con las Farc. Creíamos que su implementación iba a permitir que el narcotráfico se desbordara, las disidencias de las Farc crecieran, y otros grupos al margen de la ley se sintieran con patente de corzo para traficar. Éramos conscientes de que -si la clase dirigente colombiana no salía a defender la propiedad privada y el modelo económico- la confianza inversionista se minaría y la credibilidad en las instituciones, que tanto nos ha costado recuperar, eventualmente desaparecería.

Desafortunadamente, no nos equivocamos.

El país se siente al garete, a pesar de sus buenos oficios y decencia al actuar. Muchos entendemos lo que usted heredó -y aunque para algunos de sus seguidores es más fácil manejar con el espejo retrovisor- llegó el momento de mostrar quien está al mando y recuperar el curso.

Los partidos se ganan haciendo goles. Perder NO es ganar un poco, como dice Maturana. En política, es tomando decisiones difíciles, logrando resultados y asumiendo las consecuencias. La política es un deporte de contacto. Al que no le guste, que compre un perro.

Bombardear Ecuador representaba un dilema jurídico y moral en su momento. Pero el Presidente Uribe tuvo la gallardía que la situación exigía y hoy asume las consecuencias, ante una turba enardecida que no hace otra cosa que pedir su cabeza.

El Presidente Santos, puede que nos guste o no, dependiendo de nuestra posición frente al proceso de paz, pero si algo hay que reconocerle, es que tuvo la astucia política para lograr en el Congreso y en las Cortes lo que no logró en el plebiscito, garantizando así su legado.

En primer lugar, defina cuál va a ser su legado. Nombre un Jefe de Casa de Nariño con malicia y sagacidad para obtener resultados. Mueva las piezas y utilice su inteligencia para persuadir a líderes como Uribe, Gaviria, Vargas Lleras, Pastrana y algunos clanes regionales, para que lo acompañen. Carteras como Interior, Defensa, Cancillería, y un viraje en la política hacia Washington, le pueden ayudar a recuperar gobernabilidad.

Negociar con las bancadas y recomponer las filas no es mermelada, es un arte.

Si seguimos como vamos, le vamos a servir en bandeja de plata las próximas elecciones a la izquierda de este país, que sueña con refundar la patria.

El solio de Bolívar exige alguien con carácter, habilidad política y liderazgo para cambiar el curso de las cosas. Un gobierno no pasa a la historia por andar en la utopía de querer cambiar la forma de hacer política o tener buenas intenciones, sino por cumplir los objetivos para los cuales fue elegido, ejecutar el programa de gobierno, reactivar la economía y defender el modelo de Estado que la mayoría de colombianos queremos para el país.

Por eso lo elegimos a usted.

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