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Analistas 23/06/2026

Abelardo no puede solo

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados

Ya pasaron las elecciones y hay un triunfo indiscutido de Abelardo. De sorpresivo realmente no hay nada. El fracaso de Petro, de su forma de actuar ilegal, errática y tramposa, resulta evidente y llevó a que se quemara su candidato, que nunca logró desmarcarse del actual gobierno. No lo hizo porque no quería hacerlo y porque deseaba ser su continuador. Pero Dios sabe cómo hace sus cosas. La mole imparable e implacable del gobierno, la aplanadora construida con el robo y la malversación de los recursos de todos, destinados a la compra de votos y a la maquinaria política, no detuvo a Colombia. El complot petrocepedista tuvo su gran fuerza y fortaleza en todo esto y la mostró en estas tres semanas, algo parecido a lo que sucedió cuando Óscar Iván Zuluaga perdió en la segunda vuelta, o cómo olvidar el escándalo del hacker, los dineros de Odebrecht, etc.

Que Petro, en su actuar delirante, en su megalomanía, no reconozca los resultados no es una sorpresa, y tampoco lo es que Cepeda, el oscuro, el timorato, el poco carismático, el ciego ante las realidades nacionales, el dogmático, el escualo del régimen, trate de desconocerlos. Lo raro, viniendo de ellos, sería lo contrario.

Pero las elecciones ya pasaron. Colombia y nosotros debemos seguir. Tenemos una responsabilidad. La vida no para; nuestras necesidades y nuestro progreso tampoco, y nos exigen actuar de manera responsable y activa. No hay que reconocer en los demás o en los que piensan diferente al enemigo, como quieren Petro y sus secuaces. No, no caigamos en eso.

Y no, bajo ninguna circunstancia, se puede decir que los que han votado por Cepeda sean malos o enemigos de Colombia o del resto de los compatriotas. Hay en ellos, así suene feo decirlo, una gran mayoría de gente engañada, manipulada y temerosa, motivada por las falsedades que ha sembrado el gobierno. Son colombianos como todos, necesitados, urgidos de un cambio, de seguir adelante y progresar. Son compatriotas, somos parte de un todo, somos de los mismos, somos hermanos. Eso sí, hay una recua de secuaces, como Cristo, Claudia López y otra cantidad de politiqueros que no vale la pena ni nombrar, que definitivamente son los parásitos de la sociedad y de la política. En su gran mayoría es gente oscura, caduca. Qué tal Clara López sonando para ministra de Hacienda o manejando las finanzas públicas. Caso aparte la candidata a la vicepresidencia de Cepeda. Imaginen representándonos en el extranjero o en cualquier entidad. No, es tanto como si a mí me ponen de director técnico de la selección de fútbol: un desastre. Y no es que la esté descalificando por ser indígena o por ser mujer; simplemente hay que saber para qué es apto cada uno y para qué no lo es.

Ojalá el presidente electo tenga la inteligencia, no lo dudo, y la capacidad de respuesta y reacción, que tampoco tengo motivos para creer que no tiene, para actuar con mano dura frente a los delincuentes, sin titubeos, sin dudas, sin mirar las consecuencias políticas. Pero, de la misma forma, conserve el corazón grande, la magnanimidad y la generosidad para darles una mano tendida, decidida y eficaz a los más necesitados, sin distingos de partidos o tendencias políticas. Eso es lo que realmente necesitamos todos los colombianos.

Se nos vienen días difíciles y es desesperante ver la pasividad de la gente que, como usted y como yo, lee estas columnas, critica en cócteles, en recintos cerrados, se asusta desde la comodidad de sus casas y pretende que el gobierno haga todo. No hay derecho. Hay que sacar tiempo, hay que ser generosos en el actuar, hay que salir a las calles, hay que organizar marchas, hay que hacer movimientos simbólicos, hay que izar las banderas. Qué cansancio. Ojalá las manifestaciones de emoción no queden en eso, en la simple, sencilla y acomodada celebración de un día. Hay que crear movimientos de resistencia ciudadana activos, no solo de palabras o de retórica.

Es muy cómodo protestar desde la comodidad de un whisky, de un restaurante o de un círculo cerrado, sin exponerse, sin tener la valentía de dar la cara, de luchar por lo nuestro y por los que más lo necesitan.

Debe haber, indefectiblemente, actos concretos, marchas pacíficas y gestos simbólicos.
Es hora de que salgamos de la miopía. Es hora de que entendamos que ya cumplimos con la primera parte, pero nos falta mucho camino por recorrer si no queremos volver a lo mismo, porque evidentemente hay temas estructurales que como sociedad debemos solucionar y el gobierno no puede hacerlo solo.

A propósito de esto, también los medios deben ser conscientes de que una cosa es informar y otra prestarse, por afán de rating o por cualquier otro interés ajeno a su profesión, a difundir mensajes errados, desinformar y hacer apología del delito y del caos.

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