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El fiasco del TLC

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Este 15 de mayo se cumplieron los primeros seis años de la entrada en vigor del TLC que firmó Colombia con los EE.UU. en 2006 y los resultados del mismo para nuestro país no son los que se anunciaron para sobrevender sus beneficios ni los que se esperaban por parte de los más incautos. El tiro nos salió por la culata, pues el TLC no fue más que vísperas de mucho y día de nada. Veamos.

El eufórico exministro de Comercio, Sergio Díaz Granados, auguraba que “para 2014 Colombia debe contar con 13 tratados comerciales con 50 países”, porque asumía que con ellos estábamos alcanzando el cielo con las manos, era considerado la panacea. La negociación del TLC fue tortuosa y torticera y, de paso, terminó llevándose de calle la Comunidad Andina de Naciones, que quedó hecha trizas, después de ser Colombia su principal gestor e impulsor. Y así dejamos lo cierto por lo dudoso.

Para empezar, la promesa del TLC era que gracias al mismo Colombia mejoraría ostensiblemente la dinámica de sus exportaciones a la potencia del Norte, que el crecimiento de la economía del país se vería impulsado por el sector externo.

No obstante, entre 2012 y 2017, nuestras exportaciones hacia los EE.UU. se desplomaron en casi 50%, al pasar de US$21.969 millones FOB en 2012 a US$10.540 millones en 2017 y, lo que es más grave, el grueso de nuestras exportaciones se concentra en las tradicionales, esto es, productos minero-energéticos, en proporción de un 73,8% de la totalidad de las exportaciones en ese lapso, que fue de US$85.278 millones.

Y, como es bien sabido, para venderle carbón y petróleo a EE.UU., que dicho sea de paso han venido reduciéndose también, no se necesitaba ningún TLC. La balanza comercial y la economía colombiana siguen al vaivén de los precios de las materias primas, de allí que la reducción reciente del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos entre 2016 y 2017 de -4,4% a -3,3% obedece al repunte de dichos precios.

Como lo había advertido el presidente de Analdex, Javier Díaz, “podríamos correr el riesgo de tener unos TLC de una sola vía, por la cual los empresarios traigan para su comercialización en el país aquellos bienes que antes producían y los cuales ahora simplemente resulta más beneficioso importar para su venta en el mercado local”.

¡Dicho y hecho! Y ello a pesar de que en 2015 se revirtió la tendencia de la cotización del dólar y se registró una devaluación del peso de 37,2%. Según el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, “la tasa de cambio flexible nos ayuda a estimular las exportaciones y a sustituir importaciones, por lo que se reduce el déficit en cuenta corriente” y remataba diciendo que “el peso más débil ayudará a la recuperación del crecimiento, llevándolo a su ‘velocidad de crucero’ de entre 4,5% y 5% por año.

Pues nada de lo que él previó pasó, empezando porque el crecimiento del PIB en 2015 cerró en un 3,1%, muy por debajo de 4,6% de 2014. Y esta desaceleración de la economía no para y se prolongó hasta 2017, con un anémico crecimiento del PIB de 1,8%, después del 2% de crecimiento de 2016.

Javier Díaz reconoce que “en estos seis años no hemos aprovechado el Acuerdo. En el momento en que se firmó, había una revaluación del peso, por lo que no era rentable exportar”, pero ya vimos que con devaluación tampoco se ha podido. Como en la fábula de la zorra y las uvas de Esopo, ¡las uvas están verdes! Por su parte, la exmimnistra de Comercio, María Claudia Lacouture, aduce que “las razones por las cuales las exportaciones no han crecido como se esperaba poco o nada tienen que ver con el tratado”.

Lo que pasa es que no se ha querido entender que, como lo acota el experto Manuel José Cárdenas, “los tratados de libre comercio generan oportunidades de negocios, pero no los negocios… De nada nos servirá abrir mercados si no tenemos qué exportar”. En ello coincide con el consultor Jorge Alberto Vásquez: “una cosa son los acuerdos comerciales y otra la posibilidad de aprovecharlos: Firmamos acuerdos, pero no contamos con producción para exportar, ni la generamos”.

Colombia no se ha preparado para afrontar el reto que significa la firma de los TLC con otros países con los que no competimos, por qué, como lo afirma Andrés Oppenheimer “está demasiado obsesionada con el TLC y poco obsesionada con la productividad”. Mientras Colombia no mejore su competitividad, diversifique su producción, sus exportaciones y los mercados de destino de éstas, el crecimiento de la economía será insostenible.

Hay que hacer un alto en el camino y replantear el fracasado modelo económico para lograr desatascar la economía. ¿Qué esperamos para dar ese timonazo?

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