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Innovación y partidos políticos

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El título parece una contradicción. Las instituciones menos ponderadas en los sistemas democráticos parecerían querer perpetuarse en viejas prácticas en las cuales es la astucia, y no la inteligencia, la que termina dominando. Los partidos políticos son jugadores fundamentales que no han podido entender que su desprestigio es caldo de cultivo para el populismo, que se frota las manos ante la desazón ciudadana por la falta de com- portamientos modernos y apegados a la legalidad. Las oportunidades para la Democracia se empiezan a acabar si no existe una profunda recomposición de estas instituciones, y los ciudadanos terminarán tomando cualquier atajo solamente para castigar el fracaso de los partidos.

Por ello, es un reto para los partidos políticos ponerse a la orden del día con prácticas que permitan recuperar su legitimidad, su credibilidad y mantenerse vigorosos antes de su pronta desaparición. Sería importante tener en cuenta unos mínimos para que los partidos logren una conexión seria y moderna, apostándole a la innovación democrática con tres principios concretos: transparencia, mérito e inclusión. La propuesta debería incluir:

1. Unas posturas ideológicas claras: las causas y principios que defienden los partidos deben ser claramente definidas, sin estar expuestos al vaivén coyuntural de las circunstancias (especialmente las dañinas rapiñas contractuales y burocráticas).

Los centros de pensamiento deben jugar un papel clave en el debate interno para definir posturas en temas institucionales, económicos y sociales. La línea tenue en la que se mueven los partidos hace que ciudadanos sorprendidos terminen defraudados.

2. Un absoluto compromiso con la transparencia: los partidos políticos deben asegurar: una rendición de cuentas de sus líderes, evaluando los objetivos prometidos; una financiación abierta, sin efectivo y escrutable, especialmente, durante las campañas; candidatos sin cuestionamiento alguno y expulsión garantizada ante malos com- portamientos, con la debida anotación de que en nuestra Democracia por la politización judicial debe tenerse especial cuidado.

Las curules deben pertenecer a los partidos, inclusive, permitiendo que se autorice previamente la posibilidad de que el partido disponga de una curul ante malas acciones.

Igualmente, se debe garantizar que los elegidos cumplan con sus períodos por respeto a los ciudadanos, sin acomodarse caprichosamente de elección en elección. Una comunicación interactiva es una herramienta vital para ello.

3. Una militancia real y activa: los procesos democráticos internos deberían ser el ideal, pero antes se debe garantizar una militancia que sea fiel, lo cual podría asegurarse con pruebas de ingreso.

Puede sonar exagerado, pero es un antídoto ante el clientelismo de quienes buscan legitimarse a través de procesos democráticos que poco tienen de ello.

4. El mérito como principal herramienta de selección: los candidatos de los partidos y sus directivas deben garantizar de manera decidida que exista un proceso que garantice la selección de las mejores opciones, en las que se incluyan aspectos relevantes como la formación, el liderazgo personal, la trayectoria con impacto social y la lealtad a las causas.

Tampoco sobrarían pruebas sicotécnicas que lo sustenten. Se hace necesario acabar con el nepotismo, el apadrinamiento y los procesos de elección amañados.

5. La posibilidad de una constante renovación política: los partidos políticos deberían garantizar la presencia mínima de jóvenes y de personas que nunca hayan participado en procesos electorales para cada elección que se presenten, poner límites a las veces que las personas se puedan presentar a cargos de elección popular y adaptarse a la realidad de una sociedad que cambia rápidamente.

6. La inclusión real de sectores sociales en los procesos internos: los partidos deben ser como las sociedades, representando muchos sectores que confluyen en el ejercicio democrático. Se debe dar participación y empoderamiento en las decisiones internas, en los cargos de representatividad y en las causas a promover. Es inminente la necesidad de adaptarse a una sociedad plural y beligerante.

La solución entonces es clara: o los partidos políticos le apuntan a una institucionalidad renovadora o serán los ciudadanos rápidamente los que se encargarán de acabarlos y, con su fin, dejar la Democracia en un precario estado. Está en nuestras manos.

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