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Analistas 28/08/2021

Sonría, es gratis y contagioso

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School

Recuerdo que de niño había un juego que consistía en mirarse a la cara a ver quién aguantaba más tiempo sin sonreír. Perdía el primero que lo hacía. Era todo un desafío para nuestra inmadurez infantil. Siempre perdía y me incomodaba mi incapacidad para controlarme. Después, advertí que para un niño es más fácil y espontáneo sonreír, pero conforme van pasando los años la sonrisa se va apagando. Tal vez por eso, nacemos sonriendo. De hecho, los bebés sonríen mucho, especialmente cuando escuchan una voz humana. No fingen, son selectivos ofreciendo solo una sonrisa convencional al extraño, y la más amplia y genuina a su mamá.

Sonreír es irracional e íntimamente humano. Es la forma más sincera y barata que tenemos para celebrar, regalar un buen momento a los demás o enfrentar los problemas de la vida. Al sonreír parece que podemos con todo, que nos llega la fuerza necesaria para continuar. Sonreír transmite calma, ánimo y mucha seguridad. Recibir una sonrisa de alguien es un agradable regalo pues es como si llegara un halo de energía que remueve nuestras emociones, e incluso puede llegar a ser halagador…

Existe una hipótesis denominada “feedback facial”, basada en las conjeturas de Charles Darwin, y consiste en que la expresión facial de una persona afecta directamente la experiencia emocional del otro; pero, de manera más intensa, afecta las propias emociones. Es decir, la activación fisiológica de los músculos faciales asociados con la sonrisa tiene un efecto directo sobre los propios estados emocionales. De esta manera, al sonreír somos nosotros mismos los principales beneficiados. Y no se trata de auto engañarnos. Es simplemente otorgar el peso correcto a las circunstancias, no darnos demasiada importancia y aprender a reírnos de nosotros mismos.

Además, cuando le sonríes a alguien, esa persona te devolverá el gesto. Esto sucede porque actuamos como si fuéramos un espejo, cuando vemos una cara sonriente nos resulta más fácil sonreír. Así que, si quieres mejorar tu humor y el de otras personas al mismo tiempo, ¡sonríe!

Sonreír es tan solo una pequeña acción y, sin embargo, puede traer otra sonrisa radiante a un rostro que se ha olvidado de hacerlo, que se ha olvidado de lo que es el calor de una emoción humana. Y esto es lo que podemos llevar a nuestra casa, al trabajo, por la calle, por todas partes. Alguien que sabe que al sonreír va a conseguir que también otros lo hagan, se lo merece todo, porque estará dando de manera gratuita parte de lo que es.

Pero la felicidad requiere un entrenamiento, al igual que un atleta debe entrenar para trabajar su rendimiento físico. En este sentido, el día que peor nos sintamos será cuando nos veremos más obligados a levantar el ánimo y afrontar las circunstancias de la mejor manera. En esos días más nublados, tendremos que aprender a sonreír para borrar y olvidar lo que nos duele. Son días en los que se muestra nuestra fortaleza de carácter.

Como dijo la madre Teresa de Calcuta, premio Nobel de la Paz en 1979, la paz comienza con una sonrisa. Y sonreír exige salir de uno mismo, ponerse en los zapatos del otro. Esa empatía genera un clima de comprensión y amabilidad. Por eso, si quieres cambiar el mundo, comienza con una sonrisa, es gratis, contagioso y puede producir una reacción en cadena. Si no lo crees, haz la prueba…