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Analistas 20/11/2021

¿Habilidades duras o blandas?

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School

El hijo más pequeño de una familia que conozco bien, cuando tenía 6 años no sabía leer ni escribir. Su madre no le daba mucha importancia a esto, pues los demás niños de su colegio parecían estar en condiciones similares por el particular sistema educativo que utilizan en esa escuela. Sin embargo, la abuela pensaba que su nieto “analfabeto” estaba considerablemente retrasado, en comparación con lo que le contaban sus amigas sobre otros niños de edades parecidas. Hasta que un día, la abuela descubrió con cierta sorpresa y admiración que su nieto, aunque no sabía leer ni escribir, pudo resolver con mucha facilidad una pregunta de cierta complejidad.

Todo comenzó cuando la abuela le preguntó algo y el niño, sin dudarlo, tomó el celular de uno de sus padres y le consultó al asistente de voz, consiguiendo de inmediato que se escuchara por toda la sala la respuesta precisa sin necesidad de leer en absoluto. Después de eso, la abuela, mucho más tranquila, concluyó que, aunque el niño no supiera leer ni escribir, desde luego no se iba a morir de hambre y conocía mejor que ella misma cómo utilizar la inteligencia artificial de un pequeño teléfono.

Esta sencilla historia real ilustra cómo las habilidades necesarias para ser exitoso en la vida y, especialmente, en el mundo profesional se han transformado en los últimos años. Hoy el conocimiento técnico está al alcance de todos. Es absolutamente democrático. Por eso, las competencias más tradicionales, o también llamadas competencias técnicas, ya no serán la diferencia. Dentro de poco, hablar un segundo idioma, manejar un determinado software o ser un experto en finanzas no serán imprescindibles para crecer profesionalmente, pues la inteligencia artificial nos permitirá superar esas barreras más fácilmente.

Lo que verdaderamente será considerado relevante son las habilidades blandas o interpersonales que describen cómo trabajas e interactúas con los demás. Tal vez, ni siquiera las consideramos habilidades, porque, por lo general, aprendemos a usarlas como parte de las interacciones cotidianas con los demás, por ejemplo: saber trabajar en equipo o ser un buen comunicador, gestionar adecuadamente el tiempo o tener empatía, entre otras.

Por lo general, los gerentes de recursos humanos buscan candidatos con habilidades interpersonales para ocupar las posiciones vacantes porque son capaces de realizar su trabajo de forma satisfactoria. Una persona puede tener excelentes habilidades técnicas y específicas para el trabajo, pero si no puede gestionar su tiempo o trabajar en equipo, es posible que no tenga éxito en su empleo.

A diferencia de las habilidades técnicas que se aprenden, las habilidades interpersonales se ejercitan a través del trato y las relaciones con los demás, por ejemplo, proponer soluciones en vez de discutir problemas con el jefe, ayudar a un colega cuando está pasando por dificultades; sugerir una mejora de un proceso, entre otras. Por este motivo, las habilidades blandas son mucho más difíciles de evaluar y los empleadores no preguntan directamente qué habilidades blandas tiene el candidato, sino que le presentan situaciones y le preguntan cómo las resolvería.

Las características que mejor describen a un buen directivo son siempre habilidades interpersonales porque el mejor directivo no es el que lo sabe todo, sino el que sabe lo que no sabe y, por tanto, se apoya en otras personas.