Analistas 29/08/2020

Está bien no estar bien

Son tiempos difíciles. Mucha gente está perdiendo su empleo. Trabajamos más horas porque ahora el hogar es el lugar de trabajo. Sentimos la presión de las malas noticias. Asimismo, existe preocupación por los efectos que tendrá la próxima crisis económica. La tentación es desmoralizarse por todo lo que está pasando en el mundo. Evadirse en la locura generalizada es una idea muy tentadora…

Tal vez por eso he repetido mucho en estos días un consejo: no pierdas la cabeza, sonríe, aunque sientas la necesidad de gritar. Cuida tu familia. Cuida tu empleo si tienes la fortuna de conservarlo. No es el momento de tomar decisiones radicales. Es el momento de cuidar lo que tienes.

Soy consciente de que la búsqueda de empleo en estas circunstancias es una tarea titánica para los que están sin trabajo. Cuando recibo un mensaje de alguien para contarme que lo han despedido, lo único que alcanzo a decir es que estamos en tiempos difíciles. Hay que mantener la frente en alto. Esta situación no es tuya exclusivamente. Y, aunque parezca insensato, ese es un pensamiento liberador en este momento.

La mejor manera de mantener la frente en alto es intentar relacionar la propia experiencia actual con la que viven otras personas. Así, se comienza a pensar de manera compasiva. En los momentos difíciles, sobre todo, debemos escuchar a los que nos rodean. Imagina la situación de la otra persona como si fuera la tuya, porque es un escenario probable. Escucha atentamente sus problemas y resiste la necesidad de hablar. Hagas lo que hagas, no te encierres a vivir en tu torre de marfil, aislado de la realidad que te rodea. Esto provocaría a que te ciegues, te obnubiles y te vuelvas menos comprensivo con los problemas de los demás. Cuando sea el momento adecuado, sé compasivo. Porque ser compasivo te ayuda sobre todo a ti. Te hace sentir que eres parte de algo más grande. Te hace sentir reconfortado.

Además, en nuestra vida social sufrimos frecuentemente la tensión constante de responder a lo que los demás esperan de nosotros o a lo que nos imaginamos que esperan de nosotros, lo cual puede acabar resultando terriblemente agotador. Incluso, nunca hemos estado más culpabilizados que hoy en día y los narcisistas funcionales de las redes sociales no lo ponen fácil. Ahora nos comparamos con personajes que nos hacen sentir más o menos culpables de no ser tan ricos, exitosos, atractivos y pasarlo tan bien como la última celebridad del momento. En realidad, la situación actual nos muestra que los modelos propuestos por nuestra sociedad son inalcanzables e imposibles de imitar.

Sin embargo, no podemos perder la esperanza. El invierno ha entrado en nuestras vidas, pero pasará. La clave es recordar que los buenos tiempos regresarán. Hay que volver a soñar con los días soleados. Debemos continuar en la pelea. Como decía Albert Einstein, “la vida es como montar en bicicleta, para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando”. Y solo así seremos supervivientes. No seremos víctimas.

Está bien que un hombre adulto llore y se sienta abrumado. Es normal que ahora nos domine la emoción y la impotencia. A veces, es necesario sentir el dolor de un corazón roto o el agobio de una mente congestionada por los problemas de la situación actual, para poder sanarlo. Por eso, como me enseñó alguien que perdió muchas cosas en estos días: está bien no estar bien.

¡No te rindas!