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Un pilar del alto rendimiento

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Durante un reciente viaje en avión, volví a leer un antiguo texto de Daniel Goleman What Makes a Leader? que Harvard Business Review publicó hace veinte años. A pesar de que pasaron dos décadas, las ideas de quien popularizó la noción de inteligencia emocional no solo siguen siendo vigentes, sino que se adaptan particularmente al mundo complejo y exponencial en el cual los ejecutivos trabajan hoy.

Se trata de un texto clásico de la formación al liderazgo, porque estableció la estrecha relación que existe entre inteligencia emocional y alto rendimiento. Incluso, el trabajo de Goleman demostró que las habilidades de inteligencia emocional son aún más importantes que las habilidades técnicas de altos gerentes. En otras palabras, hay una fuerte correlación entre inteligencia emocional y resultados excelentes. Esto sigue siendo una noción relevante en la realidad actual que es tan fluida y ambigua.

De los varios aspectos que Goleman presenta en su texto, me interesó en particular el primer pilar de la inteligencia emocional, la capacidad de autoconciencia; o sea la capacidad de reconocer y entender las predisposiciones de ánimo, las emociones, motivaciones, y los efectos que estos tienen sobre los demás. Teniendo el placer de trabajar con altos ejecutivos en Colombia y en varias partes del mundo, he observado no solamente como la inteligencia emocional es una variable fundamental del alto rendimiento y como la autoconsciencia es su requisito básico, sino también que en el compromiso de un dirigente de profundizar su autoconsciencia radica la posibilidad de lograr, no solamente un alto rendimiento personal, sino también de todo un equipo, y hasta de toda una organización. Cada proceso que tenga como intención crear nuevos y mayores resultados empieza con una toma de conciencia. Dicho en otras palabras, la vulnerabilidad a explorar la verdad de lo que es, es un requisito necesario para llegar a los niveles más alto de desarrollo personal y de rendimiento.

De hecho, sin autoconsciencia uno termina perpetuando los mismos patrones y, por ende, a reproducir los mismos resultados. En mi experiencia, eso requiere extender la autoconsciencia más allá de la esfera emocional de la cual habla Daniel Goleman. De hecho, mi experiencia como coach ejecutivo me ha enseñado que las emociones son solamente la puerta de entrada para entender un sistema mucho más complejo que está en la base de la calidad de los resultados que producimos.

En realidad, las emociones no solamente son un estado mental, sino que nos dan información importante sobre el mapa mental de un individuo. En otras palabras, son datos precisos sobre el conjunto de valores, criterios, convicciones, pensamientos, y referencias que dan forma a las acciones y a los comportamientos que determinan los resultados. Por eso, hay que llevar la autoconsciencia mucho más allá de lo sugerido por Goleman: para lograr un alto rendimiento hay que tomar consciencia y responsabilidad por nuestro mapa mental en su totalidad.

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