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El algoritmo de la felicidad

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Aldo Civico Antropólogo y estratega de liderazgo

Dice el monje budista Mattheu Ricard que: “Nos encanta correr, hacer ejercicio. Hacemos todo tipo de cosas para seguir siendo lindos. Sin embargo, pasamos sorprendentemente poco tiempo cuidando lo que más importa: la forma en que funciona nuestra mente ”. Por eso, enfatiza Ricard, el entrenamiento mental es importante y no es un lujo; no es simplemente un suplemento para el alma.

Quien me recordó esta realidad, fue mi médico durante una visita reciente. En la pantalla de su computadora estaba representado mi cerebro. Algunas pequeñas áreas estaban en rojo revelando un exceso de cortisol, la hormona del estrés.

Me preguntó el médico, “¿estás meditando?” No tuve otra opción que ser sincero. “Son casi dos semanas que no lo hago”. Le dije que estaba teniendo demasiado trabajo, como si esto fuera una justificación. Volví así a mi práctica de la meditación.

Mientras que el placer es algo temporal, la felicidad es un estado de ser que es constante; es una condición natural que puede ser permanente y que puede estar presente independientemente de los altibajos emocionales de cada día. Mo Gawdat escribió el libro El algoritmo de la felicidad, y su historia es inspiradora. Gawdat fue director comercial de Google X, la “fábrica de moonshot” responsable de algunos de los proyectos más audaces de la compañía, como los carros sin conductor.

El éxito profesional al igual que la riqueza que había acumulado no aumentaron su felicidad, sino que la erosionaron. Consciente de esto, junto a su hijo Alí, empezó a investigar el algoritmo de la felicidad. La prueba definitiva llegó cuando su hijo murió repentinamente a los 21 años durante una cirugía de rutina. “Alí no era solo mi hijo, era mi mentor, mi mejor amigo, mi confidente, mi maestro”, dice.

Gawdat y su esposa vivieron momentos difíciles. “Pero a veces me imagino hablando con Alí y si lo conocieras, su primera reacción sería: ‘Papá ya he muerto, no hay nada que puedas hacer al respecto, ¿qué vas a hacer con eso? Cuando comencé a pasar por este diálogo, fue una realización para mí”, dice Gawdat. Durante este duro periodo de su vida, Gawdat notó que la calidad de sus pensamientos determinaban la calidad de su bienestar. Se volvió consciente de que no somos nuestros pensamientos.

De hecho, cada uno de nosotros tiene el poder de aceptar o descartar los pensamientos que pueblan la mente. “Trata a tu cerebro como a una función biológica y comprende que él no es el jefe, tú eres el jefe”, dice Gawdat. Por lo tanto, la felicidad es una elección que depende de nuestra habilidad de dominar a la mente, una habilidad que tenemos que entrenar, como entrenamos los músculos de nuestro cuerpo cuando vamos al gimnasio. Si queremos felicidad, tenemos que cambiar nuestra mente. La respiración consciente que caracteriza a la práctica del mindfulness es una manera de hacerlo.

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