sábado, 14 de marzo de 2020

Más columnas de este autor Aldo Civico - aldo@aldocivico.com

Un tiempo de crisis, como el que se está viviendo a raíz del coronavirus, es también un tiempo para dar un paso adelante como líderes y como colectividad. Hoy, son llamados a un liderazgo eficiente y responsable los que nos gobiernan a nivel nacional y local, así como los líderes empresariales. Pero la crisis del coronavirus también nos llama a un liderazgo personal y colectivo. Todos tenemos la oportunidad de dar un paso, de aportar de manera decisiva a una resolución positiva de esta crisis, modificando nuestros comportamientos, hábitos, sintiéndonos responsables el uno del otro. De hecho, descubrimos de manera nueva y dramática a nivel global que la salud es un bien común del cual todos debemos cuidar, no solo los especialistas. Cuidándonos, cuidamos a los demás. Esta es la forma de liderazgo que hoy necesitamos despertar en cada uno de nosotros.

Por eso el coronavirus es también la oportunidad para redescubrir un valor fundamental del liderazgo de servicio: la solidaridad, dado que somos conscientes de que cada uno de nosotros es miembro de una comunidad, que es global además que local; que el cuidado de uno mismo y de los demás es una expresión de solidaridad, de responsabilidad, de respeto. Es la oportunidad de recordarnos que somos uno. De hecho, una crisis compartida nos iguala porque nos hace experimentar que somos todos parte de una misma realidad, que somos interdependientes.

El sociólogo francés Emile Durkheim caracterizaba esta solidaridad como una solidaridad orgánica. Por la crisis del coronavirus, somos más conscientes de que dependemos de los comportamientos de los otros. Por eso, actuar en solidaridad significa apoyarse mutuamente porque uno reconoce el destino de uno en el destino del otro. Como evoca un proverbio de Suráfrica, “cada persona es persona a través de otras personas”. Es a esta solidaridad la que podemos despertar, reconociendo así en esta crisis del coronavirus también una oportunidad.

Por eso, reducir al mínimo nuestras actividades y encuentros, renunciar a manifestaciones de afecto como abrazos, y besos, o de cortesía, como darse la mano, se convierte hoy en una expresión de solidaridad, además que de responsabilidad y mutuo cuidado. No solo me cuido, sino que también cuido al otro y cuido también el sistema sanitario, para que pueda enfrentar de manera eficaz a quienes tendrán la necesidad de curarse. Tenemos la oportunidad de vivir de manera más consciente, de vivir un liderazgo de servicio, poniendo al altruismo en la base de nuestro actuar, priorizando el bien común y no solamente el individual. Por eso, la responsabilidad que asumimos en nuestros comportamientos se vuelve un ejemplo para los demás. Podemos en este sentido hablar de un contagio positivo de la solidaridad y la responsabilidad. Si cada uno de nosotros asume este momento con consciencia de líder, saldremos de esta situación fortalecidos como sociedad, con vínculos renovados y con una consciencia más despierta.