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Analistas 09/10/2021

Capitalismo consciente

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo

François Reihani tiene solamente 25 años, vive en Dallas, Texas, es dueño de una cadena de seis cafés, llamados La La Land Café, que facturan seis millones de dólares. Sus empleados son adolescentes y jóvenes que se salen del sistema de acogida.

En su negocio aprenden las habilidades y la disciplina que los ayudan a desarrollar un proyecto de vida y lograr la independencia económica. De esta manera evitan recaer en la calle o el vicio. “Cuando hacemos las cosas bien, hay magia”, dice Reihani, un representante de aquel capitalismo consciente que pone al talento empresarial al servicio del bien común en lugar de acumular riquezas.

El lema que marca la cultura organizacional de su negocio es “No seas un idiota”. Son palabras que Reihani se dijo a sí mismo en la adolescencia, cuando un día se dio cuenta de que efectivamente se estaba comportando como un idiota. “No era una buena persona”, dice. En cambio, hoy quiere sacarle a la vida todo el valor posible.

La visión que tiene Reihani está relacionada con su experiencia de vida. Sus papás son de Irán, vivieron en Francia y criaron al hijo en México. Al inicio de su adolescencia, la familia se mudó a Los Ángeles donde el ritmo acelerado y el clima de competitividad que se vive en la capital de California lo llevaron a asumir comportamientos y actitudes que finalmente no le gustaron.

Fue al volverse consciente de que se estaba comportando como un idiota, que Reihani se reconectó con su esencia. Tenía 20 años cuando, durante un viaje a Dallas, se dio cuenta de que no había restaurantes de poke, lo que en lugar se había convertido en una tendencia en California. Decidió aprovechar la oportunidad y elaborar un plan de negocios.

Finalmente, amigos de la familia le ayudaron con la inversión y hasta logró convencer a un ex chef del famoso restaurante Nobu para que cocinara en el nuevo restaurante. Fue un gran éxito. Al ver mucho dinero llenar la caja de su negocio, Reihani empezó a cuestionarse sobre el sentido de generar riqueza. Fue entonces que entendió que a su talento empresarial le tenía que dar un propósito superior. Fue así que nació la idea de dar una oportunidad laboral a jóvenes en dificultad. Lo que no fue fácil, y representó un proceso de aprendizaje. Hoy, organizaciones locales colaboran con Reihani, ofreciendo asesoría a sus empleados. “Lo que yo quise crear era un lugar donde fuera posible quererse”, dice.

Recientemente François Reihani se ganó la portada de la revista Entrepreneur (donde encontré su historia), representando a 15 jóvenes emprendedores que se convirtieron en multimillonarios. Pero seguramente el éxito más grande para Reihani es haberle dado un propósito superior a su talento. Su ejemplo nos recuerda que es rentable practicar el capitalismo consciente y ser un líder que se preocupa del bien común. Propósito y rentabilidad pueden ir de la mano. Los desafíos que hoy enfrentamos nos urgen a conectarnos con un propósito superior.