LEGISLACIÓN

La tiranía de los subsidios

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Hace unos días recordaba una conversación que tuve hace unos siete años con el gerente financiero de una compañía de transmisión eléctrica muy importante de Argentina. Fui a visitarlo a Buenos Aires porque muchos de mis clientes estaban alarmados con la situación de la matriz energética del país. En su oficina en un edificio cercano a Puerto Madero conversamos un buen rato sobre las inconsistencias de la política energética del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el inmenso costo social que estas políticas esquizofrénicas estaban generando en el país.

“Alberto, la cosa acá es tan ridícula, que yo dejo el sauna de mi casa prendido todos los días a todas horas, para que siempre que vuelva a la casa del trabajo tenga la posibilidad de relajarme. La verdad es que prefiero dejarlo prendido porque a mi esposa se le olvida todo, y si dependo de ella, me toca esperarme una hora después de llegar del trabajo para meterme en el sauna caliente”…”Uff, pero eso tiene que costar una barbaridad, sé que se necesita una cantidad de energía para calentar un sauna!” le dije yo, “pues te cuento, apreciado Alberto, que debido a la locura de políticas que implementa este gobierno, el chiste me cuesta exactamente US$3 cada dos meses. Ajá, así como lo oyes, US$3 cada dos meses para tener al sauna prendido todos los días a todas horas…”

A los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner les pareció que congelar las tarifas eléctricas de TODA la población después de la devaluación y consecuente crisis económica del 2001-2002 era una excelente política social. En la visión de ese par de demagogos, si la electricidad no cuesta, si los precios no suben en línea como deberían hacerlo porque la inflación sube y porque la moneda del país se ajusta a los nuevos fundamentales, pues entonces la gente va a tener más dinero para comprar comida o ir a cine.

Es exactamente el mismo pensamiento que utiliza el comunismo venezolano cuando, por ejemplo, decide regalarle la gasolina a los ciudadanos a pesar de que los precios internacionales han subido y a pesar de que el Bolívar ya no vale, literalmente, absolutamente nada.

El resultado final de esta absurda política que implementaron los Kirchner es que en 2015 el gobierno de Argentina se gastó casi un 6% del PIB subsidiando la generación y transmisión de energía eléctrica, pues las compañías privadas simplemente no tenían como prestar el servicio a menos de que el estado cubriera el rojo en las operaciones. Mejor dicho, en la Argentina de los Kirchner se gastaban más recursos estatales subsidiándole la utilización de un sauna en la casa a un alto ejecutivo que en la alimentación o educación de los niños pobres del país.

El presidente Mauricio Macri ha gastado mucho capital político en sacar a la Argentina de esta esquizofrenia. Después de los aumentos que ha decretado en las tarifas este gobierno desde el 2015 se ha disminuido el nivel de subsidios en 80%, algo que implica más o menos un ahorro del 4% del PIB.

Eso, en plata blanca, implica que la gente ya no deja el sauna prendido todo el día, porque hoy sí cuesta mucho, y que hoy en día hay muchos más recursos para invertir en la niñez. La hoy senadora Fernández de Kirchner dijo la semana pasada en el congreso que Macri estaba “ahorcando al pueblo a punta de incrementos en las tarifas”. Y si, efectivamente, el kirchnerismo y el petrismo son la misma cosa.

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