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La izquierda versus la lógica

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Alberto J. Bernal-León

La izquierda colombiana no descansa. La estrategia es clara: despotricar de todo, generar zozobra, y así permitir que llegue un aluvión político en 2022 y destruya todo lo construido. Uno de los mayores enemigos de la izquierda es el sector financiero, y específicamente los fondos privados de pensiones. ¿Por qué el odio? Pues porque Sarmiento Angulo es dueño de uno de ellos, y así como Amlo quiere acabar con Slim en México, Petro quiere acabar con Sarmiento Angulo en Colombia. La política de la envidia en su máxima expresión.

El problema, sin embargo, es que la vendetta de los “pobres contra los ricos” implica que la izquierda quiere destruir un bien público inmenso y nos quiere obligar a vivir con una debacle andante. Estimado compatriota, le voy a contar la verdad sobre el sistema pensional colombiano: nuestro sistema es una vergüenza. Pero no por culpa de los fondos de pensiones privados, sino por la barbaridad que es el sistema de reparto, mejor dicho, el sistema gubernamental de pensiones.

Unos números: durante 2018, el Estado colombiano gastó $919.000 en atender un paciente, gastó $3,9 millones en educar a un niño y gastó $19,6 millones en subsidiar una pensión. Mejor dicho, el Estado gastó 21 veces más pagando pensiones que atendiendo el costo de lidiar con los enfermos. Más números: durante 2018 el Gobierno Nacional gastó $41,2 billones en fondear 2,1 millones de pensiones en un país donde hay más de 6 millones de adultos mayores, y gastó solo $1,9 billones en agua y saneamiento, gasto que benefició a casi 10 millones de personas. Pero es aún más ridículo este número: el Estado gastó $1,4 billones en darle algo de sustento a 1,5 millones de adultos mayores en Colombia para evitar que cayeran por debajo de la línea de la indigencia, mientras que gastó $41,2 billones, 30 veces más, en subsidiar 2,1 millones de pensiones.

La realidad de las cosas es que el sistema de pensiones de reparto (el público) se ha convertido en un sistema obsoleto, debido a los altos niveles de informalidad que existen en Colombia, al incremento de la longevidad, y a la impresionante caída en la tasa de natalidad que se ha evidenciado en las últimas décadas, implicando que ya no hay suficientes jóvenes subsidiando las pensiones de los mayores actuales.

Además, como el sistema está tan mal diseñado en Colombia, gran parte de las pensiones altas que reciben algunos privilegiados están casi completamente subsidiadas por el Estado. Bajo el sistema actual, en algunos casos, el Gobierno subsidia la pensión de un individuo que se retiró con un salario alto hasta por más de $60 millones por año. Esto es una aberración cuando hay tanto niño en Colombia pasando hambre.

¿Qué hay que hacer para acabar con esta injusticia? Primero, hay que trabajar en incrementar la cantidad de gente que cotiza para pensión y de esa forma reducir los subsidios del Gobierno Central a las pensiones; segundo, toca entender de una vez por todas que el régimen de pensiones de reparto es inviable porque la población se está envejeciendo y los millenials no están teniendo hijos; por último, toca cambiar la fórmula que se usa en Colombia para calcular las pensiones que recibirán los futuros pensionados.

Toca ajustar la fórmula porque NO PUEDE SER que la pensión máxima en Alemania sea de unos US$2.500 al mes, cuando en Colombia es de cerca de US$6.000. ¿A quién le cabe en la cabeza que es lógico que la pensión de vejez en Colombia sea tres veces más alta que en Alemania?

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