viernes, 31 de julio de 2020

Más columnas de este autor Adriana Gutiérrez Ramírez

Sin duda, el e-commerce es una de las actividades del marketing digital que ha presentado mayores índices de aceleración durante la pandemia, y no es para menos; las personas han encontrado en este canal la mejor herramienta para obtener productos y servicios de toda índole.

Sin embargo, sectores como el del retail ya venían trabajando para mejorar sus entornos digitales y con esto han logrado incrementar sus ventas durante la crisis, a la vez que el consumidor ha ido aumentando sus niveles de interacción en estos medios.

No obstante, ya se empieza a ver con preocupación todo lo que ha pasado en términos de sostenibilidad; por un lado, el reciclaje ha sido seriamente afectado ante la falta de correcta disposición de desechos de elementos biosanitarios, tales como tapabocas y guantes, poniendo en riesgo de contagio a recicladores, haciendo que las empresas que dependen de ello para sus procesos de producción basados en la economía circular, deban suspender sus buenas prácticas y regresar a procesos lineales que les permitan mantener sus estándares. Por otro lado, la fuerte aceleración del e-commerce y la ausencia de políticas comerciales en este tipo de canales, han incrementado la huella ecológica.

Las empresas que venden artículos y vestuario, por ejemplo, en su afán de sobrevivir a la crisis y tener clientes satisfechos, han diseñado políticas comerciales que han acrecentado los índices de contaminación.

Beneficios para el consumidor como la entrega inmediata del producto, cambio de mercancía sin costo, empaques y embalaje para proteger el producto del virus, son apenas la punta del iceberg, pues hasta ahora no hemos hablado de procesos de producción ni de materiales amigables con el medio ambiente y la sociedad.

Para acelerar las entregas, el proveedor debe diseñar una cadena logística casi que personalizada y poco óptima en términos de transporte. Es así como un camión puede resultar sobredimensionado ante la imposibilidad de consolidar varias entregas en una sola ruta siendo mejor acudir a la entrega utilizando varios vehículos de menor tamaño que congestionan y emiten grandes cantidades de CO2.

La segunda política comercial que influye directamente en la contaminación está relacionada con el cambio del producto. A veces como consumidores no visualizamos que cada interacción de estas entre el “ir y venir” del producto está multiplicando el número de emisiones de CO2.

Si bien, desde el marketing tradicional se busca formar mercados y enseñarles a consumir nuestro producto o servicio, poco vemos aplicados estos principios en la práctica comercial en entornos digitales, cuando vemos que lo que prima es el bien de una organización sobre el social y ambiental. Además, el empaque y el aumento desmedido de materiales poco o nada sostenibles como plástico, icopor y cartón, si bien se usan para evitar la propagación del virus, debemos tener presente que son elementos que tardarán muchos años en degradarse y dejarán una gran huella ecológica.

Haciendo cuentas y solo desde las políticas comerciales a través del e-commerce, ¿qué tan sostenible resulta esta práctica para el planeta? Hasta aquí solo hemos hablado de lo insostenible que son algunas de las actuales políticas comerciales, sin mencionar materiales, procesos de elaboración y producción en los que en muchos casos desafía la igualdad social y se atenta contra el medio ambiente. Temas de futuras reflexiones.