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En las negociaciones subsecuentes, los participantes también exigieron significativamente más a sus contrapartes con rostros con rasgos femeninos, dicen Eric Gladstone y Kathleen M. O’ Connor, de la Universidad de Cornell. Las personas con rostros masculinos entran a las negociaciones con una ventaja incorporada, porque sus contrapartes suelen exigirles menos, sugieren los investigadores.
Fuente: Comportamiento Organizacional y Procesos de Decisión Humana.
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