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A diferencia de fenómenos económicos más profundos, el efecto del Mundial sobre la productividad tiene una duración limitada
Mientras el Mundial concentra la atención de millones de aficionados alrededor del planeta, en oficinas, fábricas y empresas surge una pregunta que se repite cada cuatro años: ¿qué tanto afecta el torneo al desempeño de los trabajadores?
Aunque la imagen de empleados pendientes de un partido durante la jornada laboral es común, el impacto sobre la productividad existe, pero es mucho más limitado de lo que suele pensarse.

La productividad laboral está determinada por factores que se construyen durante años, como la experiencia de los trabajadores, su nivel de formación, las competencias adquiridas, la organización interna de las empresas y la tecnología disponible para desarrollar sus tareas. Por ello, eventos de corta duración como una Copa del Mundo difícilmente generan cambios permanentes en el rendimiento de una organización.
"El Mundial es un fenómeno de corto plazo, cuando la productividad es más bien el reflejo de fenómenos estructurales que tienen que ver con la experiencia, los diplomas y las competencias de los trabajadores", explicó Remi Stellian, docente e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana.
Sin embargo, el hecho de que el impacto sea limitado no significa que sea inexistente. Durante las semanas de competencia, los partidos ocupan buena parte de las conversaciones, las redes sociales y la atención de los aficionados. Esto puede traducirse en momentos de distracción dentro de las jornadas laborales, especialmente cuando juegan las selecciones más seguidas o cuando los encuentros coinciden con horarios de trabajo.
Uno de los factores que más puede influir en el rendimiento de los empleados es el componente emocional. La economía laboral ha documentado que el estado de ánimo puede afectar la concentración, la motivación y la forma en que las personas desarrollan sus actividades. En ese sentido, los resultados deportivos también pueden tener consecuencias temporales sobre el ambiente laboral.
"Hay mucha evidencia en economía laboral que muestra que el estado emocional de los trabajadores importa", señaló Stellian. Según el académico, una derrota de la selección nacional o de un equipo con el que una persona se identifica puede generar una afectación emocional pasajera que termine reflejándose en su desempeño diario.
Más allá de las emociones, también existe un efecto directo relacionado con la atención. Los trabajadores pueden dedicar parte de su tiempo a revisar resultados, seguir transmisiones o mantenerse al tanto de las novedades del torneo. Aunque la mayoría de los encuentros del Mundial se programan en diferentes franjas horarias, algunos coinciden con la jornada laboral en distintos países.
Para las empresas, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la flexibilidad y el cumplimiento de las obligaciones laborales. En muchos casos, las organizaciones permiten espacios para seguir partidos importantes o adaptan temporalmente algunos horarios, especialmente cuando juega la selección nacional. Estas medidas buscan mantener la motivación de los equipos sin afectar significativamente las operaciones.
"Si un empleado, en lugar de hacer el trabajo contemplado en su contrato, mira un partido de fútbol, por definición eso afectará la productividad empresarial", afirmó Stellian. No obstante, agregó que el arraigo cultural del fútbol genera ciertos niveles de tolerancia dentro de las organizaciones, especialmente en países donde el deporte tiene una alta relevancia social.
A diferencia de fenómenos económicos más profundos, el efecto del Mundial sobre la productividad tiene una duración limitada. Una vez termina el torneo, la atención de los trabajadores vuelve a centrarse en sus actividades habituales y desaparecen tanto las distracciones asociadas a los partidos como las reacciones emocionales derivadas de los resultados.
Por eso, aunque el Mundial puede generar cambios temporales en el comportamiento de los trabajadores y en la dinámica de algunas empresas, los expertos coinciden en que su impacto está lejos de modificar los factores estructurales que determinan la productividad de una economía.
Avisar que estás por fuera, delegar tareas no urgentes y determinar un horario para trabajar durante los días de descanso son algunas de las recomendaciones