viernes, 22 de mayo de 2020

Daniel Losada

En las últimas décadas analistas, académicos y expertos de la industria TIC habían anunciado que el mundo cambiaría cada vez más rápidamente, y en los últimos años habían resaltado los crecientes desafíos en una era conocida como la de la Cuarta Revolución Industrial. Pero aún quedaban industrias y líderes escépticos, que no veían la inminencia de la disrupción digital ni la necesidad de transformarse y estar más y mejor conectados. El nuevo coronavirus sacudió el mundo como lo conocíamos, aceleró las dinámicas y nos puso a ser ‘más digitales’ y estar más ‘online’ que antes, y a cambiar la manera como vivimos y trabajamos.

Internet ya había conectado a personas, empresas y gobiernos alrededor del mundo, pero ahora, cuando se prevé que muchas actividades presenciales deberán hacerse desde las casas, cuando los viajes de trabajo y turismo serán restringidos por unos meses en el planeta, cuando la educación, salud y negocios acelerarán su virtualización, la conectividad es más importante que nunca.

Pero el planeta aún tiene desafíos para que todos estemos realmente conectados. Pese a que más de 400 cables submarinos y hay más de cinco millones de torres celulares alrededor del mundo, aún hay 3.200 millones (41%) de los habitantes del planeta no tienen acceso a Internet, y esto significa, para empresas y gobiernos, millones de ciudadanos que no tienen acceso a información, educación y servicios en línea. Pero, además, que cientos de miles de empresas no pueden insertarse en la economía digital, y que muchas tienen un alcance geográfico limitado a las grandes ciudades de sus países.

¿Cómo acelerar la llegada de Internet, de conectividad con alta disponibilidad y seguridad a todas partes y llevar sus beneficios a los ciudadanos y a toda clase de empresas y organizaciones? Aunque en temas tecnológicos no hay una respuesta única, aquí es probable que sí: internet satelital.

A diferencia de la fibra óptica y otras tecnologías terrestres, y de la conexión móvil celular, la tecnología satelital no tiene sus límites geográficos ni técnicos: desde el espacio, barreras infranqueables para la fibra y la señal móvil, como por ejemplo la Cordillera de los Andes o la selva del Amazonas, son solo accidentes geográficos comunes. Es claro que, cuando Hughes inventó, hace tres décadas, la tecnología Vsat (Very Small Aperture Terminal), que permitió transmitir la señal de Internet entre un satélite y la Tierra, había otros obstáculos que frenaron su masificación. Por ejemplo, la menor velocidad y los altos costos -que limitaron su uso inicial a gobiernos y grandes empresas-, y la dependencia de las condiciones climáticas, tanto para la calidad de la señal como para la durabilidad de las antenas puestas en tierra.

Pero hoy, todas estas limitaciones fueron superadas. Tecnologías y servicios de internet satelital han tenido una notable evolución, con sistemas satelitales de última generación como el Jupiter System -que hoy conecta a más de 1,4 millones de suscriptores empresariales y personales en EE.UU. y en países de América Latina como Colombia-, y también con equipos en tierra, como antenas,receptores y enrutadores, mucho más asequibles, fáciles de instalar y usar, y resistentes a la inclemencia del tiempo.

Ahora, incluso Internet satelital más que la competencia de redes terrestres y móviles, es, en la mayoría de sectores y países, el complemento clave de infraestructura de comunicaciones para las industrias, que con estas modernas soluciones pueden llegar a lugares remotos con servicios de alta calidad y de banda ancha real, a los que no llegan cables ni señales de celulares.