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EDITORIAL

Se necesitan ideas en la campaña

lunes, 12 de mayo de 2014
La República Más
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A muy pocos días de las elecciones presidenciales, las tesis económicas brillan por su ausencia e innovación.

Los indicadores de la economía  muestran una evolución satisfactoria y la perspectiva de corto plazo permite pensar que así se mantendrán en los próximos años: la seriedad en el manejo de la macroeconomía es reconocida internacionalmente, en particular en temas como la estabilidad monetaria y la responsabilidad fiscal de corto plazo. Lo anterior no significa que no se tengan falencias en asuntos como la planeación más allá de la coyuntura y en temas ligados con el bienestar social.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en este mundo globalizado hay asuntos que influyen en forma determinante en el rumbo de la economía vista integralmente. Uno de los más relevantes es la expectativa que se tenga sobre la confianza para hacer negocios y para que el sector privado se comprometa en nuevas inversiones, asumiendo sin duda que la riqueza es producida por los agentes económicos particulares y no por el gobierno ni las organizaciones no gubernamentales.

Y ese punto sí merece una reflexión seria, pues la campaña política que se adelanta en el país no parece estar favoreciendo ese clima para los negocios, ni mostrando al mundo que el nuestro es un país en el que la clase dirigente pone por encima los intereses colectivos a las apetencias personales o de grupos con ambiciones de poder. En ningún momento se está solicitando que no haya debate y confrontación de ideas como ocurre en cualquier democracia seria del mundo,  sino todo lo contrario: que se lleve acabo para que electores tengan la capacidad para escoger la mejor opción de gobierno, pero desafortunadamente no es eso lo que está ocurriendo en el país, sino que la carencia de discusión civilizada está dejando paso a la agresión personal, a los agravios o a buscar los instrumentos para desprestigiar a los contrincantes.

Alguien puede afirmar que los ataques son una característica de los políticos de todas partes para obtener votos, y a lo mejor sea así, pero en el caso nuestro no es ese el camino adecuado cuando el país requiere encontrar salidas para buscar soluciones a problemas, más allá de la negociación de paz que se realiza en la actualidad en La Habana.

Las reformas que Colombia necesita parecen casi obvias, en áreas como la justicia, la salud y la educación, entre otras. El consenso es general en este sentido y los colombianos quisiéramos escuchar las propuestas de enfoque de quienes aspiran a regir los destinos en el próximo cuatrienio, pero no hay sido posible porque el tiempo se gasta en la belicosidad de los ataques de aquí para allá y de allá para acá.

El mundo de hoy vive unas megatendencias que requieren especial atención de todos los países, incluyendo a Colombia, para adaptar los procesos sociales y empresariales a ese nuevo devenir. Y el gobierno no puede ser indiferente a ello.

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