Los factores que definen el tipo de piel tienen que ver con la carga genética que se tenga, el lugar en el que se viva y el color

Ximena González - xgonzalez@larepublica.com.co

Cuidar la piel y mantenerla hidratada debería ser siempre algo que esté dentro de la rutina diaria de belleza, sin embargo, son pocas las personas que le prestan atención a esto.

Para establecer una rutina, es importante  entender que todos somos diferentes, que las pieles requieren cuidados y productos adecuados según el tipo, color y textura de piel.

De acuerdo con información de Foreo, los factores que definen el tipo de piel tienen que ver con la carga genética que se tenga, el lugar en el que se viva, el color, la producción de melanina, entre otros. Para esto, es necesario tener claros tres factores claves: ¿qué tipo de piel tengo?, ¿cuál es mi mayor preocupación en la piel?, y ¿cuál es mi estilo de vida?

Entre los consejo para tener una piel saludable están en primera medida, realizar una limpieza adecuada, luego mantener la hidratación, y tener un cuidado preventivo con el uso de bloqueadores o pantallas solares de alto factor, con el cual se garantice la protección de los rayos del sol. Los otros productos se pueden adicionar con la identificación del tipo de piel.

“Encontrar los productos de cuidado de la piel adecuados a la necesidad de nuestra piel, facilita que nuestra rutina de cuidado responda a las preguntas anteriores, con esto creamos el hábito de cuidar nuestra cara, cuello y manos de manera adecuada”, explicó Diana Ibarra, Gerente de Educación de Foreo para Latam.

La experta destacó cuáles son esos tipos de piel que existen y cómo identificarlos. La piel grasa se identifica por la hiperproducción de sebo, a causa de la genética, los cambios y desequilibrios hormonales, distintos medicamentos, situaciones de estrés o cosméticos que irritan la piel. Suele tener los poros agrandados, claramente visibles, ser brillante y contar con espinillas de cabeza blanca o negra.

Entre tanto, la piel sensible está relacionada a la contaminación, el estrés, la mala alimentación, el sol y el uso de cosméticos inadecuados, además de la reacción a los cambios climáticos como el frío o el sol.  La limpieza adecuada y a profundidad y el uso de productos dermatológicos son el factor diferencial para el cuidado de este tipo de piel. Se deben utilizar hidratantes, pantallas solares y mantener una rutina de belleza adecuada, esto facilitará tener la piel saludable en cualquier momento del día.

Mientras que la piel normal, suele tener los poros más finos. Cuenta con una buena circulación sanguínea y tiene una textura suave y lisa. No tiende a ser sensible y su apariencia es uniforme. A medida que envejece una persona con piel normal, su piel llega a secarse más.