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AMBIENTE ¿Realmente es tan malo el plástico?
jueves, 10 de octubre de 2019

Los impactos ambientales de los plásticos en muchos indicadores de alta relevancia como son la generación de gases de invernadero y la utilización de agua son menores que los de otras alternativas

Iván Darío López Gómez

El plástico es altamente criticado cuando no se hace una disposición adecuada del material, terminando como un contaminante en suelos, ríos y mares. Esta situación ha hecho que estar en contra del plástico sea políticamente correcto, por lo cual esta posición ha crecido en los medios, en los congresos y en la academia. Sin embargo, todo este raciocinio presenta una falencia fundamental: no se presentan alternativas económica y ambientalmente más sostenibles.

Los impactos ambientales de los plásticos en muchos indicadores de alta relevancia como son la generación de gases de invernadero y la utilización de agua son menores que los de otras alternativas tecnológicas. Es así, como para muchas aplicaciones donde no existe un sustituto que haya sido demostrado científicamente como más amigable con el medio ambiente, los esfuerzos deberían centrarse en el uso racional del material, su adecuada disposición, reutilización y reciclaje, para disminuir su impacto ambiental. Lo anterior no debería quedar circunscrito únicamente al plástico, sino a todos los materiales. Como ejemplo, se presenta el trabajo de Civancik-Uslu (et al. 2019), en donde se compararon láminas de empacado de eucalipto con láminas de polipropileno, concluyendo que las láminas compuestas de plástico tienen menores impactos ambientales que las láminas de eucalipto en casi todas las categorías consideradas. Es interesante esta conclusión, debido a que la madera se percibe como ambientalmente más amigable que los plásticos por su origen natural. Las razones de esta conclusión se deben al mayor número de reusos de las láminas plásticas, su menor peso, la incorporación de material reciclado en la formulación y la posibilidad de reciclar la lámina al final de su vida útil.

En varios escenarios se han escuchado voces de asociación incorrecta, en donde se establece que el uso de plásticos afecta negativamente al calentamiento global. De hecho, habría argumentos para establecer todo lo contrario: el uso de plásticos contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Según la EPA (Environmental Protection Agency 2017) la mayor fuente de emisión de gases de invernadero en Estados Unidos en 2017 fue el sector transporte con 28%. Los plásticos en el sector de transporte son esenciales para disminuir los pesos de los vehículos y de esta forma reducir los requerimientos de combustible. De hecho, según la EPA, los modelos de vehículos en 2017, presentan un mínimo histórico de emisiones por milla con 357 g/mi, mientras que en 2005 era de 450 g/mi. En esta reducción, además de las mejoras tecnológicas en la eficiencia de los motores, el plástico ha jugado un rol fundamental. Adicionalmente, la expansión de los automóviles eléctricos ha sido tecnológica y financieramente posible gracias a los desarrollos de partes plásticas elaboradas con compuestos que permiten reducir el peso de las autopartes y de esta manera poder utilizar baterías.

La misma conclusión podría ser extendida en términos de logística, en donde los empaques plásticos son mucho más livianos que otras alternativas. En promedio, podríamos decir que los plásticos tienen una densidad de 0,95g/cm3, mientras que el vidrio tiene una densidad de 2,5g/cm3, el aluminio de 2,7 g/cm3 y requieren a su vez mucha más energía para su procesamiento. Mientras que un envase plástico puede requerir 0,5 kwh/kg para su fabricación, un envase de vidrio requiere 1,75 kwh/kg y el aluminio 2,5KWh/kg.
En particular los plásticos son fundamentales en nuestro día a día y, hasta el momento, para una gran cantidad de aplicaciones no existen alternativas que sean realmente más sostenibles y económicamente viables. Lo anterior no implica que no debamos preocuparnos de cómo diseñamos y fabricamos artículos plásticos y cómo los usamos, reusamos y disponemos, de tal forma que podamos incorporarlos en mayor medida dentro de un sistema de economía circular.