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ANALISTAS 30/07/2026

El cuerpo llega antes que la mente

Tatiana Arango M.
Macroeditora digital de Diario La República
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  • Yoga

Llega a su oficina. Su jornada todavía no ha empezado. Se sienta frente al computador, recibe algunos mensajes de WhatsApp de su jefe, y de un momento a otro aprieta la mandíbula, eleva los hombros y su respiración se agita, como si estuviera corriendo. Esta es una escena cotidiana para muchos. Las habilidades que el homo sapiens desarrolló en su proceso de evolución para huir de sus depredadores, ahora las usa para responder a los desafíos en su vida laboral.

Pero hemos elegido no escuchar esas sensaciones. Seguimos trabajando con los dientes apretados hasta que se desgastan, con dolor de cuello y hombros hasta que se convierte en tortícolis, y dejamos de usar nuestra capacidad pulmonar al punto que olvidamos respirar de forma correcta. El yoga nos enseña que el cuerpo habla antes que la mente.

Al empezar una clase de yoga, generalmente los profesores preguntan: “¿cómo están?”. Y la primera respuesta la da el cuerpo, porque quizá una postura que ayer era sencilla, hoy resulta extremadamente compleja. No porque se haya perdido la flexibilidad, la fuerza, el equilibrio o la movilidad de un día para otro, sino porque el cuerpo está contando otra historia: tal vez durmió poco, está preocupado, está acumulando tensión, llegó acelerado o simplemente está triste. Lo bonito de la práctica, si se aprende a verlo, es que el yoga nunca castiga esa diferencia, solo la evidencia. La tarea es aprender a ver las cosas tal y como son.

¿En algún momento ha dicho “tengo un nudo en el estómago”, “siento un peso en los hombros” o “me paraliza esta situación”? Curiosamente, usamos expresiones corporales para describir estados que son emocionales. En otras palabras, en el lenguaje que usamos, intuimos que el cuerpo habla. Entonces, ¿por qué lo ignoramos? El estrés, las relaciones, el trabajo y las decisiones se manifiestan primero físicamente, y deberíamos descifrar los detonantes de esas sensaciones para desatar el nudo, aligerar el peso o no elegir la pasividad. Sí, leyó bien. La idea no es evitar la incomodidad, es fluir a pesar de ella, pero con consciencia.

En yoga existe un principio llamado ahimsa, un concepto que aunque se traduce del sánscrito como “no violencia”, aplica en la práctica como no autoviolentarnos. Es decir, si quiere hacer una postura que es muy retadora, tenga claro hasta dónde puede llegar. Conocer los límites del cuerpo le evitará lesiones. Y eso se logra escuchando cómo está hoy, lo cual aplica tanto para el yoga como para la vida laboral.

El problema es que muchos sentimos la necesidad de ser hiper productivos y aprendimos a silenciar esas señales del cuerpo. Entonces, cuando nos duele la espalda tomamos un analgésico, cuando dormimos poco tomamos más café; vivimos cansados, pero seguimos, apoyándonos en paliativos. Y el problema no es sentir todo eso, es dejar de escuchar lo que nuestros cuerpos nos quieren comunicar. En yoga, cada práctica empieza precisamente recuperando esa conversación.

Si su cuerpo pudiera escribir un informe sobre su vida, ¿diría lo mismo que usted responde cuando alguien le pregunta “¿cómo está?”?

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