Gracias a ello dejamos atrás la “casualidad” y nos enrutamos por la vía de establecer “causalidades” empíricas entre las grandes variables macroeconómicas de Colombia
Por eso, más allá de quién resulte ganador, hay una conversación que Colombia sigue aplazando. La reconciliación no puede ser una promesa de campaña ni una consigna electoral. Debería convertirse en una política de Estado y en una responsabilidad ciudadana