Angie Rodríguez, la mini-Delcy del régimen petrista. Pasó de funcionaria de extrema confianza del presidente, que vitoreaba la bandera de la Guerra a Muerte junto con el primer mandatario en la Plaza de Bolívar, a denunciar un concierto para delinquir en el alto gobierno desde el alto gobierno
La lealtad política exige algo más difícil: reconocer que el otro puede tener razón en algunos asuntos. Nadie posee toda la verdad y ninguna corriente política tiene el monopolio del bien común
En conclusión, el Gobierno petrista deja enormes problemas como consecuencia de su ineptitud y, además, poco margen fiscal para corregirlos