Yo pienso que esto es aún más triste que los resultados mismos. El país logra entusiasmar a su juventud, pero le termina fallando a su juventud, y en materia grave, a la hora del té
Hay un punto que las juntas suelen pasar por alto: el deber de diligencia del buen hombre de negocios que la Ley 222 de 1995 impone a los administradores no admite la excusa de que la decisión la tomó una máquina
Si permitimos que el desarrollo tecnológico siga guiado únicamente por la velocidad del mercado y la fascinación por la autonomía, nos arriesgamos a convertirnos en espectadores del mundo que nosotros mismos programamos