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EDITORIAL

“Yo enfermo, tu enfermas, el enferma”

martes, 2 de octubre de 2012
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Las afecciones de algunos mandatarios ponen la salud de los altos funcionarios como un asunto de debate público

Si bien la salud de un alto funcionario público tiene implicaciones relevantes en una sociedad determinada, no puede volverse asunto público y mucho menos convertirse en una oportunidad para que los detractores hagan política con este tipo de situaciones humanas. Debe primar el respeto por la persona, y posteriormente se analizarán las implicaciones de su salud en el desarrollo de su gestión profesional.

Y es que este 2012 pasará a la historia del país político y económico como el año en que muchos mandatarios internacionales, nacionales, regionales y locales enfermaron; una situación que disparó toda clase de juegos políticos y desnudó las acciones a seguir durante estos momentos lamentables para esas personas. El Vicepresidente, el Alcalde mayor de Bogotá, el Alcalde de Cartagena, y el mismo Presidente de la República, entre otros, tuvieron que reconocerle al país que se encontraban convalecientes, con una actitud de sinceridad y transparencia ante la opinión pública y sus gobernados.

Además de respaldarlos durante este duro transe en sus vidas y desearles prontas recuperaciones, es un imperativo para las autoridades de control político y gobernanza, tales como los concejos, las asambleas, o el mismo Congreso de la República, adelantar el estudio de acuerdos en donde se propongan protocolos para enfrentar este tipo de situaciones, de tal manera que los municipios, departamentos o gobiernos afectados sepan qué hacer durante esas vacancias por asuntos de salud. Es menester de los mismos funcionarios públicos prepararse para estas eventualidades de las que nadie está exento en ningún momento de su vida.

La Presidencia, las gobernaciones y las alcaldías deben aprender de lo sucedido con la salud de sus funcionarios para echar a andar las estrategias adecuadas en materia de gestión. Ni Santos o Garzón son los primeros mandatarios que se enferman durante sus periodos el frente de las responsabilidades para las cuáles han sido elegidos, ni serán los últimos, pero sí desnudaron el poco avance de la norma existente durante estos lapsos. Hace un poco más de un año, cuando el célebre CEO y fundador de Apple, Steve Jobs, renunció a su cargo para enfrentar una quimioterapia, las acciones de la empresa cayeron ineludiblemente y solo se recuperaron una vez la compañía presentó sus nuevos cuadros directivos.

Es normal que las grandes corporaciones se afecten en medio de trágicas noticias como la salud de sus directivos, porque son llevadas por personas valiosas profesionalmente. Pues lo mismo sucede con presidencias, alcaldías y gobernaciones. No podemos decir que nada pasa, siempre estas situaciones tienen muchas lecturas. Por ahora, solo debemos pedir respeto por el ser humano y su familia.

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