lunes, 5 de octubre de 2020

El mundo entra en el octavo mes de propagación del covid-19, muchos países han caído en la silenciosa apuesta por la inmunidad colectiva, pero si no funciona qué sucederá

EditorialLR

William Haseltine, científico, empresario, experto en enfermedades infecciosas y presidente de Access Health International, escribía hace un par de semanas en su columna habitual en Project Syndicate que “la Casa Blanca ya ni siquiera recomienda que los estados hagan cosas para detener la propagación de este virus, cosas que hace apenas unas semanas les decían a los estados que debían hacer”, al tiempo que destacaba las palabras de Donald Trump “el covid-19 desaparecería con el tiempo y se desarrollará una mentalidad de manada”.

Dice Haseltine que Trump se refería, y lo denominaba erróneamente, a la inmunidad colectiva, cuando una población se vuelve inmune cuando muchos de sus miembros están infectados o vacunados contra un contagio determinado, es decir que un grupo de resistencia contrarresta la propagación.

Pero -resalta el científico- que “basar una estrategia a una pandemia en el supuesto de que la inmunidad colectiva es inevitable (vacuna o no vacuna) es ofrecerle al virus un camino de menor resistencia; caso de Suecia en donde decidieron renunciar a los cierres de empresas en favor de recomendaciones como el simple uso de máscaras y el distanciamiento social”. Hoy los índices de infección y mortalidad del país escandinavo se encuentra entre los más altos del mundo y la economía se contrajo 8,6% en el segundo trimestre.

Pero una cosa es “Dinamarca y otra Cundinamarca”, reza el dicho popular latinoamericano que en Perú se cambia por Cajamarca. Los países de la región ya han escalado hasta los lugares o puestos imposibles de superar en las tablas de clasificaciones mundiales de muertos y contagios. Colombia y Perú solo son superados por países de enormes poblaciones como Estados Unidos, India, Brasil y Rusia, con la pésima expectativa de que en pocos meses los países andinos romperán el millón de contagios y se pondrán más cerca de Rusia.

Ahora bien, muchos países clasificados en estos portales de internet no aportan las verdaderas cifras confiables, como es el caso de China, todos los estados africanos o los regímenes totalitarios. El problema de estar en la parte alta de esas tabla es reputacional de cara al transporte internacional; cualquier país puede someter a los viajeros que provengan de Colombia a cuarentenas obligatorias ahora que hay rebrotes y que el contagio de Donald Trump ha encendido las alarmas sobre el grave problema que afecta a la humanidad.

Nuestro país no se puede dar el lujo de volver a parar la industria ni mucho menos prohibir el desplazamiento de las personas, no solo por salud de la economía sino por estabilidad mental de la gente que ha estado sometida a uno de los encierros más largos.

Si la inmunidad colectiva o de manada no funciona, tal como lo afirma Haseltine, y la vacuna puede tardarse un año más, a los colombianos no les queda más remedio que aplicar la única fórmula válida: el autocuidado estricto sin torpedear la economía porque los países de la región no puedan darse el lujo de pedir dinero regalado a fondo perdido como los europeos; aquí los gastos se pagan con impuestos al sector productivo o con préstamos de la banca multilateral, por tanto hay que tener mucha mesura social pues la ola de contagios va a seguir creciendo, sin asomo de pico, ni de aplanamiento de curva alguna. Ahora más que nunca el cuidado depende de cada uno.

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