lunes, 3 de diciembre de 2012
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Ninguna discusión en colombia tiene un sesgo social más pronunciado que la pelea decembrina por el salario mínimo

Ninguna discusión en colombia tiene un sesgo social más pronunciado que la pelea decembrina por el salario mínimo
 
Con la entrada en pleno del ambiente decembrino llega también la discusión anual sobre el incremento del salario mínimo, que no solo cobija a millones de colombianos que ganan en el mercado laboral formal un poco más de $560.000, sino que es la tarifa que marca la subida de los sueldos más altos, las multas de tránsito, las sanciones legales e incluso algunos ajustes en los precios de la canasta básica familiar. En pocas palabras, es una discusión que no solo afecta a quienes ganan un mínimo; también a todos los empleados en general y sobre todo a las personas que tienen un empleado bajo su responsabilidad laboral.
 
Empecemos con que es una discusión mal planteada por los diferentes sectores sociales que intervienen en ella. Los sindicatos siempre han pedido más para sus afiliados, sin tener en cuenta la situación de la economía sectorial; los empresarios, que hacen presupuestos optimizando sus costos, le apuestan más al control de gastos laborales en detrimento de la productividad; y finalmente, está el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Trabajo, que siempre ha sido un convidado de piedra a la discusión y termina decretando el alza salarial legal. El común de las personas no conoce una simple ecuación económica y cree que el salario mínimo debe subirse por encima de barreras sicológicas numéricas como $600.000, $800.000 o $1.000.000. Pero olvidan que eso desencadena un alza indiscriminada de precios, la inflación.
 
Por esto los economistas recomiendan que el salario mínimo se suba con base en la inflación esperada y no en la causada, para evitar el sesgo inflacionario y proteger el poder adquisitivo de quienes devengan salarios bajos, que son la mayoría de los empleados formales colombianos. Pero el mayor error en la importante discusión es unificar un mismo incremento del mínimo legal para todos los sectores de la economía. Recordemos que no tienen la misma dinámica de crecimiento ni las mismas perspectivas. Debe haber libertad para que los sectores económicos fijen sus mínimos salariales y así se vaya especializando la economía. Un obrero que labora en minas o petróleos puede tener mayores ingresos mínimos que uno dedicado a labores en el sector de la confección o el comercio, por ejemplo.
 
El engranaje económico del país debe tener en cuenta la oportunidad que se abre con la firma de tratados comerciales y la importancia que cobran los salarios para ser competitivos en el exterior. No por alto que sea el mínimo beneficia a los que lo ganan y mucho menos a los empresarios, quienes no podrán abrir nuevas plazas de trabajo. El Ministerio de Trabajo debe apoyarse más en las universidades y en los centros de investigación para hacer pedagogía.
 

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