sábado, 7 de diciembre de 2019

Bloomberg se pregunta por qué México, Brasil y Argentina no se han contagiado de las protestas que han sacudido a las economías de mejor comportamiento en Latinoamérica

EditorialLR

El suceso del año en América Latina son las marchas y protestas que tumbaron a Evo Morales como presidente de Bolivia; que tienen a Chile al borde de aprobar una nueva Constitución Política; que hicieron reversar la eliminación de los subsidios a los combustibles en Ecuador, y que han trastornado la economía colombiana haciéndola perder su ritmo de crecimiento, el cual ha empezado a ser revisado a la baja por los centros de investigación locales y las firmas calificadoras de riesgo.

La pregunta que se hace Bloomberg sobre la situación social en la región es por qué la ola de protestas no ha llegado a las grandes economías: México, Brasil y Argentina y explica que la razón no está muy lejos de las recientes elecciones presidenciales de las que fueron protagonistas estos países y que han marcado -cada uno a su manera- los regresos de peligrosos populismos representado por López Obrador, Bolsonaro y Fernández en cada uno de esos países que concentran el grueso del PIB de Latinoamérica y arrastran buena parte de la economía emergente. Entre los tres suman 380 millones de habitantes y sus economías agrupadas superan US$3,6 billones, una cifra que bien puede llevar al traste el crecimiento mundial -al menos al emergente- si llegasen a caer en la anarquía que se ha instalado especialmente en Chile y que poco a poco se evapora en Colombia.

Las temas expuestos, donde hoy subsisten las protestas, no son ajenos para la población de México, Brasil y Argentina, y asuntos como el escaso crecimiento económico, subsidios más focalizados, el bajo nivel de las pensiones, la desigualdad, la falta de oportunidades y el desempleo campante, pueden convertirse en brazas que arderán el próximo año si los gobernantes recién elegidos lo logran acometer reformas profundas que solucionen problemas crónicos que ha padecido América Latina desde hace varias décadas. Ahora el punto de preocupación de los observadores internacionales es cómo López Obrador, Bolsonaro y Fernández consiguen aislar sus economías del contagio de inconformidad.

Lo más extraño de lo que está sucediendo en la región es que no hay un cordón umbilical evidente en las marchas contra el establecimiento y envía señales encontradas. Mientras se cayó el régimen de izquierda de Morales en Bolivia, se tambalea la derecha de Piñera en Chile; lo mismo ocurre con López Obrador, muy popular entre los mexicanos pero la economía está entrado en franca recesión. Claramente, es un entorno económico enrarecido que pareciese estar predeterminado para cambios estructurales. La Argentina que recibe Fernández está ad portas de una nueva cesación de pagos, atraviesa por la peor de sus devaluaciones y aún no encuentra la manera de sanear su sistema financiero; un caldo de cultivo perfecto para las protestas que no auguran un buen comienzo de la tercera década del siglo XIX. Brasil experimenta una polarización muy fuerte a la espera de que la fórmula de crecimiento de la economía adelantada por Bolsonaro empiece a dar resultados, entre tanto una Dilma y un Lula, fuera de sus cárceles, serán como combustible en medio del polvorín en que entró la segunda economía más grande de la región. Entre tanto en Colombia, las cosas empiezan a calmarse luego de varios días de protestas, pero con la típica resiliencia colombiana que la obliga siempre a sacar lo mejor de lo peor.

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