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EDITORIAL Pelear es una mala estrategia para gobernar
jueves, 30 de septiembre de 2021

La pandemia les consumió casi la mitad de sus mandatos a los alcaldes y gobernadores. El resto del tiempo que les resta deben aprovecharlo para transformar sus regiones

  • LR

Las cifras de violencia del país pueden argumentar que Colombia es un país conflictivo por naturaleza y que cada situación cotidiana genera más problemas que soluciones.

Esa parece ser la premisa que muchos de los 1.103 alcaldes y 32 gobernadores parecen aplicar al estilo de sus mandatos y a la manera de hacer las cosas por sus municipios y regiones. Una falla estructural cuando se evalúan los resultados de sus gestiones y ponen en tela de juicio la manera cómo gobiernan.

No se puede vivir peleando con las autoridades centrales ni responsabilizar de su incompetencia administrativa a los ministerios. Situaciones fortuitas como la pandemia, la ley de garantías, las escasas regalías, la caída en los impuestos, el poco recaudo en los impuestos al comercio y los prediales, tienen acorralados a los gobernantes locales, quienes en 90 días completarán 50% de su mandato y el sol del final de sus períodos ya se empieza a ver a sus espaldas.

A muchos alcaldes y gobernadores se les acabaron sus argumentos de gobierno, nunca pudieron hacer un buen plan de desarrollo, les cogió el tiempo para rediseñar el plan de ordenamiento territorial y jamás tuvieron plata para hacer obras que cambiaran la vida de los ciudadanos.

Son los mandatarios del covid, a quienes el virus maniató y no pudieron desembarazarse de esta pandemia global. No les quedó otra actitud ante sus electores que ponerse a pelear con los gobiernos regionales y la administración central; echarles la culpa de todo lo que no pudieron hacer en sus cuatro años de manejo departamental o municipal.

Mientras que el flagelo de la violencia y de la inseguridad campea en casi todo el territorio nacional y rodea a los mandatarios en torno a un solo asunto que atormenta a sus gobernados, los robos, la extorsión, los bloqueos, la inseguridad en general que se les lleva gran parte de su tiempo de gestión, sin que la construcción de obras, programas o planes distintos a la violencia tengan protagonismo. Es como si la violencia se hubiese instalado en los otrora esperanzadores tiempos de la pospandemia.

Hay que dejar de pelear y ponerse a hacer cosas en estos dos años de gobierno que aún les resta a los alcaldes y gobernadores. Hacer obras transformadoras que les cambien la vida a los gobernados; hay que tener inventiva, innovar con los escasos recursos que tienen, pero ante todo deben de liderar a sus municipios y departamentos sin acudir al innecesario enfrentamiento con el Gobierno central.

Eso no quiere decir que el enfermizo centralismo, que tiene frenado al país, no sea el responsable de gran parte del atraso de los pueblos y regiones, pero ese es un problema de largo aliento que ojalá se resuelta con cambios constitucionales, pero mientras eso sucede, deben hacer cosas concretas, concentrarse en lo poco y transformador para beneficiar localidades específicas, pues de lo contrario, la historia les pasará la cuenta de cobro y solo serán recordados como los mandatarios de la pandemia quienes no lograron hacer nada, solo atender el covid y pelear con el gobierno central.

Pelear siempre será una pésima estrategia de gobierno, la gente o sus electores son más sabios de lo que piensan alcaldes y gobernadores y al final a esos mandatarios les pasarán la cuenta de cobro por su incompetencia. Aún hay tiempo, pero los meses van pasando y el tiempo se agota para mostrar resultados.

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