miércoles, 25 de marzo de 2020

La pandemia desnudó las debilidades del sistema sanitario mundial, al tiempo que puso el dedo en la llaga sobre el papel de la OMS, dedicada a atacar males menos dañinos para las personas

EditorialLR


El próximo 7 de abril se celebrará el Día Mundial de la Salud, jornada escogida desde hace varias décadas para concientizar sobre los problemas de la salud pública en gran sentido, lo curioso del tema es que en este 2020 esa “fiesta de la salud” llegará en el peor momento de la historia, y seguramente en algunos países ya se deberán estar buscando los culpables de la pandemia que aflige no solo a la salud mundial sino a la economía global.

Quizá no sea el mejor momento para buscar culpables de esta penosa situación, ni mucho menos empezar a pasar cuentas de cobro sobre la histórica tragedia por la que atraviesa la humanidad por estos días, pero no sobra repasar sobre el papel que ha jugado la Organización Mundial de la Salud, OMS, organismo que hace parte de las Naciones Unidas y que buscar velar por la salud de la humanidad desde hace más de 70 años.

La OMS ha jugado roles importantes en el pasado en la erradicación de viejas enfermedades como la poliomielitis o viruela, por ejemplo y ha sido de su espíritu promover la planificación familiar y la reducción de tasas de morbilidad materna, cosas que se han ido logrando poco a poco en todos los países del mundo.

Para tener en cuenta que el Día Mundial de la Salud se celebra todos los 7 de abril porque en esa misma fecha de 1948 se creó dicha organización, que en teoría buscaba unificar los asuntos más delicados de la salud en función del bienestar de todos los países que hacen parte del sistema de Naciones Unidas, pero más allá de ejecutar algunas tareas -casi cumplidas en las décadas pasadas- como la lucha frontal en contra flagelos del estilo de la poliomielitis, la lepra, el cólera, la malaria o la tuberculosis, la OMS se concentró en “enfermedades” modernas o causales de daños a la salud en los países desarrollados como las enfermedades cardiovasculares, el sobrepeso, la comida chatarra, el sedentarismo, la radiación solar y otros achaques de naciones que supieron derrotar males del tercer mundo como eran los virus.

Hasta que a comienzos del diciembre pasado llegó el covid-19 a un remoto mercado de mariscos de una empobrecida ciudad china y la OMS no estaba preparada ni había advertido sobre la inminencia de una verdadera pandemia que tiene al mundo en jaque; tampoco hubo institución global alguna que llamara la atención a tiempo sobre la letalidad de este coronavirus.

En la actualidad hay 194 países miembros de la OMS casi los mismos que están en jaque en sus economías por una pandemia declarada de manera tardía; la Asamblea Mundial de la Salud, que gobierna la OMS, no se enteró de lo que pasaba en China y del contagio abrumador de Italia y España, sino hasta que lo vieron por las noticias.

Su junta ejecutiva de 34 expertos en salud elegidos por la Asamblea Mundial de la Salud ha pasado de agache porque su obsesión hasta hace unos meses eran las grasas, los azúcares, el tabaco, la carne, la leche y otros abusos de los consumidores modernos con buen poder adquisitivo, pero se habían olvidado de los millones de virus que se incuban en los países de gobiernos totalitarios como China.

Hay algo aún peor y es que la OMS nunca atinó a declarar la desinformación y la incredulidad como los mayores vehículos para propagar un letal virus como ahora está sucediendo, y minimizar esos factores en la salud son el mayor problema.

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