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EDITORIAL

No al manoseo político de los cafeteros

lunes, 25 de febrero de 2013
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No hay nada más válido que la protesta social cuando hay razones, pero nada más nocivo que una huelga manipulada

No hay nada más válido que la protesta social cuando hay razones, pero nada más nocivo que una huelga manipulada
 
La Colombia que solo tiene de cafetera tomar tinto y que no conoce ni arbusto de donde sale el grano, le debe mucho a los caficultores que a través de décadas forjaron con sus manos el desarrollo de sus regiones distinguidas como patrimonio mundial por sus paisajes. No solo construyeron acueductos, escuelas, carreteras y hospitales, sino que formaron una sólida cultura alrededor del café que hoy nos enorgullece en todo el mundo. Y cualquier ayuda que el Gobierno Nacional le preste a más de medio millón de familias que devengan su sustento de este cultivo es aplaudida porque cuando los caficultores vivían sus épocas de vacas gordas fueron cientos las ayudas que les prestaron a otros renglones de la economía a través de sus establecimientos financieros, agrícolas o culturales.
 
No hay mucha razón para criticarle al presidente Santos la cantidad de dinero de las arcas públicas de todos los colombianos que saca para darles a los cafeteros quienes se quejan de los precios internacionales (libra de café a US$1,42) y sus sufrimientos para vivir con $513.700 que les pagan por una carga de 125 kilos. Los cafeteros están en su derecho de protestar por los precios, por los malos controles sanitarios que hace el ICA, por las lluvias, por la carreteras, por la burocracia de la Federación Nacional de Cafeteros y hasta por el cambio climático. Pero con taponar carreteras, quemar llantas y amargarle el día a camioneros y pasajeros terrestres, no van a solucionar el tema de su competitividad. Ni mucho menos van a cambiar las reglas del mercado internacional que hoy les son adversas.
 
Los cafeteros se deben sentar en sus comités departamentales a estudiar sus modelos económicos, a revisar los costos de producción, a analizar cual es la hoja de ruta para seguir en sus fincas. Vivimos otras épocas y el Gobierno Nacional no puede solucionarles todos sus problemas económicos con subsidios, con regalías con el dinero destinado a la infraestructura, los colegios y los hospitales. Están discutiendo con el Gobierno lo indiscutible, como son los precios internacionales y los costos de garantía local. No habrían reformas tributarias ni sistemas de regalías que aguantarían para mantenerles las ayudas. Pero eso es discutible y entendible en un gremio que ayudó al país y cada Gobierno de turno los ayudó. Lo que no se puede aceptar es la manipulación política de que con presa los caficultores: la otrora célebre combinación de fuerzas que denunciaba el anterior gobierno, ahora se ve en todo su esplendor cuando ideas de izquierda y derecha se unen para poner entre la espada y la pared, a un Gobierno tolerante con los subsidios y de mano floja para encarar los desafíos económicos que aparentemente eran su fuerte. 
 

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