miércoles, 17 de junio de 2020

Colombia ocupa el puesto 54 entre 63 países en el ranking del IMD, lo que demuestra que en la tarea de la competitividad poco se ha avanzado y en lugar de ir para adelante se va para atrás

EditorialLR

La palabra “competitividad” es una de las más abusadas cuando de hacer presentaciones en PowerPoint se trata. Aparece en el glosario de funcionarios públicos y la alta gerencia de las empresas a mediados de los años 90 para definir la capacidad para competir y superar a otros países o empresas que ofrecen los mismos productos o servicios.

Cuando se trata de países, el término define qué tan preparado está para aprovechar las oportunidades del comercio exterior o atraer inversión extranjera. Las características que hacen a una empresa competitiva no se aplican para un país, pues las posibilidades de sobrevivir de una corporación son distintas a la de un Estado que perdura a pesar de sus dificultades.

Dicho de otra manera, la falta de competitividad de una empresa la puede llevar a la quiebra o desaparición, pero un país poco competitivo perdura en el sueño de los justos indefinidamente. La competitividad es fundamental para obtener beneficios, generar empleo y satisfacer las necesidades de los consumidores y no se debe confundir con productividad, que es “producir” o “transformar” más con los mismos medios.

Hay tres instituciones que miden la competitividad de los países desde hace varios años. El más antiguo es el del International Institute for Management Development (IMD) de la Universidad de Lausana en Suiza, que elabora un complejo listado de países y factores y que ha sido copiado por el Foro Económico Mundial y el Doing Business del Banco Mundial en otros termómetros similares.

Acaba de publicarse el último ranking y los resultados para Colombia no son los mejores: muy a pesar de los avances, quedó en el puesto 54 entre 63 economías, descendiendo dos casillas respecto a la posición que ocupó el año pasado. En pocas palabras, perdió tres años de avances, pues en 2017 ya había estado en esos lugares de la tabla.

En el último lustro el país no sube del puesto 50, en 2016 fue cuando mejor estuvo en el puesto 51. Chile sigue siendo el mejor ubicado de la región en la casilla 38. Le sigue Perú, que ascendió tres casillas y se ubicó en el puesto 52, y México, que descendió tres posiciones a la casilla 53.

Por debajo de Colombia quedaron Brasil, que subió tres puestos y quedó 56; Argentina, que perdió una posición y quedó en la casilla 62; y, como último en el ranking, quedó Venezuela, de 63. Singapur, Dinamarca, Suiza, Noruega y Canadá, son las naciones que mejores posiciones han obtenido a lo largo del tiempo.

A Colombia aún le cuelga como un pesado lastre en materia de competitividad la alta tributación de las empresas, las deficiencias educativas, el exceso de regulación en sectores clave de la economía y, lo que siempre ha sido el lunar, la mala infraestructura que no ha podido avanzar.

El acceso dispar en las nuevas tecnologías también es una tarea por adelantar, pero nada de eso se podrá ejecutar si no hay una hoja de ruta cierta para manejar como una política pública la competitividad del país. Hay docenas de instituciones que trabajan para mejorar la competitividad, pero si esta materia no se eleva a rango de política nacional en favor de la verdadera competitividad, las cosas no van a avanzar.

No se trata de crear el nuevo ministerio de la competitividad, se trata de hacer una hoja de ruta y aprovechar al máximo el ingreso a la Ocde para incrustar en el ADN nacional aprovechar las ventajas que se tienen como país.

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