miércoles, 26 de agosto de 2020

Es un pésimo mensaje para el sistema financiero global que el Banco de la República tenga que prestarle dinero al Gobierno, quiere decir que el país se convirtió en un cliente complicado

EditorialLR

Pedir es un derecho que no se le niega a nadie, incluso ni al Gobierno Nacional si necesitara dinero del Banco de la República. El problema es que dicha petición debe ser el último camino o alternativa final de financiación en el mercado, pues Colombia es un país de puertas abiertas a los préstamos en el sistema financiero internacional, que dicho sea de paso, tienen muchas y mejores ofertas y tasas de financiación que el mismo Emisor local, y se evitaría el daño reputacional que representa acudir a la banca central “independiente” para financiar la crisis económica por la larga cuarentena decretada para evitar el covid-19 y sus estragos.

No hay precedentes certeros ni concretos de préstamos de los emisores a los respectivos gobiernos en la coyuntura reciente: quizá se traiga a colación lo que hizo Gran Bretaña, pero la operación obedecía más a la ejecución de una obligación que a un préstamo. La otra situación es la de Argentina que sí le pidió dinero a su banca central, pero es de común conocimiento que es un país con las puertas cerradas en el circuito financiero y del cual se espera un default. El tema se trae a colación por el consejo dado en el marco de la Asamblea de la Andi de que el Banco de la República le pidiera $50 billones al Gobierno Nacional para atender el déficit fiscal, dinero que se pagará en tres o cuatro décadas. Cabe resaltar que esa solicitud no proviene del Ministerio de Hacienda ni que reposa oficialmente en el Banco de la República, solicitud que hubiese disparado las alarmas en la banca multilateral y las firmas calificadoras de riesgo, máxime si ocurre en Colombia, un país aventajado en lo económico, bien manejado en sus finanzas públicas que era líder en crecimiento económico, una deuda controlada y una inflación anclada en un dígito desde hace varios años. Dicho consejo de que el Emisor financie al Gobierno es un mal consejo que puede prestarse para populismos inoportunos. Quizá esa sea una remota posibilidad que se dé cuando al país se le hayan cerrado las fuentes externas de financiación, como a Argentina o Venezuela, pero Colombia aún goza de gran reputación y nunca ha caído en moratoria de su deuda, menos aún ha perdido su grado de inversión.

Pero el peor error es desconocer que las independencias de los bancos centrales se basan en no financiar a sus gobiernos, justamente para no caer en el mandato ejecutivo de “imprimir, imprimir, imprimir”, para licuar el valor de las deudas. Esa fue una época ya evolucionada a la cual no se puede volver, cuando el gerente del Emisor era un funcionario de bolsillo que financiaba guerras, inflaciones, deudas y hacía los países inviables. El verdadero problema para Colombia es que el Emisor sea el único plan de deuda, cosa que no ha ocurrido porque el Gobierno tiene mejores recursos y más baratos en el sistema externo. Si el Gobierno necesita financiar un déficit de 8,2% expuesto en su marco fiscal, debe estudiar alternativas, al tiempo que debe ser consciente de que si acude al Emisor pierde la disciplina. El otro cuento es usar las reservas internacionales que se usan todos los días, son el respaldo patrimonial y con base en ellas se funciona. La independencia del Banco de la República es uno de los mayores activos para el buen funcionamiento de la economía, ojalá las ideas populistas no lleguen al sector empresarial ni olvidar que mensajes como esos se convierten en un problema para los inversionistas en TES que son más de 26% extranjeros.

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