sábado, 22 de febrero de 2014
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Colombia no puede permitir que una vez más se embolate el plan de desarrollo de la infraestructura. La plata se necesita.

La decisión de vender 57% que el Estado tiene en Isagen no debe tener reversa ni mayor demora, no solo por el acalorado debate político que se ha desatado en torno a si es o no un activo valioso para las arcas estatales, sino porque no hay dinero para desarrollar el plan de infraestructura que el país necesita. Este no es un tema personal del presidente Santos ni del ministro Cárdenas, es un asunto de desarrollo nacional. No podemos seguir retardando la puesta en marcha del desatraso o el rezago que tenemos en materia de autopistas, puertos y aeropuertos. Colombia ajusta más de tres décadas sin hacer macro-obras que le den competitividad a la economía en tiempos de tratados de libre comercio, y lo cierto es que no hay el dinero para ejecutar un plan integral y la venta de la generadora es la opción que hay sobre la mesa.

El plan del Gobierno Nacional era salir de este activo durante el primer trimestre del año, pero esa meta ya no se logró por varias razones estratégicas, financieras y políticas. Hablar de privatizaciones en tiempos electorales es una mala idea, más aun cuando entre los competidores por los cargos de elección popular está el Presidente en ejercicio. Está claro que el Estado debe salir de activos poco rentables y estratégicos. Isagen no se cuenta entre las empresas generadoras más importantes, y más aún, necesita de un socio que tome decisiones y lleve a la empresa a otro nivel. 

Si bien hay una discusión muy válida sobre el precio de estos activos, el Ministerio de Hacienda ha dado muchos bandazos en la estrategia. Lo primero que hizo fue cambiar el costo a la mitad del proceso: de $2.850 por acción pasó a $3.178, subió 12% el precio de la generadora en dos meses, sin razón alguna. Incluso la alta gerencia de Isagen está incumpliendo desde hace rato con la entrega de los proyectos de expansión que le darían valor. No hubo ningún hecho relevante para que el precio de la acción se subiera, solo ayudó a los especuladores. Eso, entre otras cosas, hizo que un jugador muy importante como el Grupo Argos decidiera no pujar.

Pero lo más importante en el asunto de la venta de Isagen no es el precio ni los tiempos en que el Estado salga de este activo (que tarde o temprano se hará), lo verdaderamente relevante es que las arcas nacionales necesitan los recursos para hacer la infraestructura. Esta semana se presentaría el reglamento para la segunda etapa de venta de las acciones, pero no hay mucho ambiente entre los inversionistas, y lo peor de todo es que las licitaciones para construir las vías de cuarta generación están andando y el país económico necesita más autopistas que una generadora que no va ni para adelante ni para atrás. Es necesario que el Gobierno encuentre la forma de que entren esos recursos.