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EDITORIAL

La popularidad es para gastársela

jueves, 5 de septiembre de 2013
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Colombia ha sido el escenario de varios políticos que con mucha popularidad han hecho poco por solucionar problemas

Bien dicen los servidores públicos cuando les va mal en las encuestas, que ellos gobiernan es para obtener resultados no para mantener favorabilidades en los estudios de opinión. Y tiene razón si su comentario fuera sincero o cierto, pues en nuestro país hay muchos ejemplos de alcaldes, gobernadores, ministros y presidentes que viven más pendientes de lo que digan de ellos las redes sociales, los sondeos y las encuestas, que de resolverles los grandes problemas a los colombianos. ¿De qué sirve una excelente aceptación pública y una alta favorabilidad si las ejecuciones y transformaciones no se ven?
En el vecindario el caso más elocuente sucedió en Perú con Alejandro Toledo, un presidente cuya popularidad nunca pasó del 25% y siempre gobernó con las encuestas y los sondeos en su contra. Pero a la postre, ha sido uno de los mandatarios que más ha transformado al vecino país, al cuñar con políticas públicas las reformas. ¿Alguien recuerda qué era Perú en tiempos del primer gobierno de García o durante los años de Fujimori? Hoy no solo es un milagro económico, sino que superó a Colombia en casi todos los indicadores. Es un país más competitivo, la pobreza se ha reducido, atrae más turistas y gozan de una boom de identidad nacional sin precedentes. Todo eso se consolidó durante los tiempos se Toledo, quien fue penosamente impopular entre los peruanos.
Hoy se puede decir que mientras la economía colombiana va en el pelotón o en el grupo de países similares, con indicadores buenos razonablemente parecidos a los de la región o los de la Ocde, el Gobierno Nacional atraviesa una dura fiebre de desfavorabilidad causada por los fuertes vientos electorales que le pegan de frente, dado su explícito interés por reelegir sus políticas públicas para el periodo presidencial 2014 hasta 2018. Así como la pasada administración rompió niveles de popularidad durante la Operación Jaque (la que liberó a Ingrid Betancourt), también es estrepitosa la caída de opinión favorable durante los violentos paros y protestas de las semana pasada. Ambos hechos fueron medidos en caliente por las encuestadores y los resultados son más que obvios.
Los funcionarios públicos fueron elegidos para servir, para desarrollar políticas públicas que solucionen problemas estructurales no para vivir pendientes de los estudios de opinión. La popularidad que otorga ganar unas elecciones debe ser gastada en acciones políticas de fondo. Hay muchas acciones que son impopulares, pero necesarias para sacar a un país como Colombia de sus graves problemas que se han vuelto crónicos: guerra, pobreza, bienestar. ¿Quién habría de imaginarse que hasta la misma paz tiene detractores?

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